CAMAGÜEY.- A Fidel no se le explica. No hay palabras para encontrar su justa dimensión. Con la misma fuerza que muchos le amamos unos pocos le odian, porque nadie puede en este planeta estar indiferente al hombre—gigante que configuró la Historia, y cambió el rumbo del continente proa a la justicia social, por la que hoy tenemos que seguir luchando, ahora también en su nombre.

Por él, que nos construyó un país lo mejor que pudo y supo, el pueblo comenzó a inundar a la Plaza Mayor General Ignacio Agramonte para dejarle en silencio su tributo de besos y flores.

Para él, los trabajadores del deporte volaron una cometa con su rostro, como verdad patentada de que hasta el cielo llega su ejemplo.

La timidez del sol y el llanto a ratos de las nubes acompañaron el paso de los trabajadores del paladar El Paso, su dueña Lisbel Tenas Ballagas con los ojos vidriosos solo pudo articular "lo siento pero hoy no puedo hablar" , este mismo dolor lo traía en lágrimas Dusney Canandy Felipe que solo pudo decir "Fidel es todo".

Julia Varona, con una foto de Fidel al pecho, me asegura que "es fe, esperanza y caridad" y Lázaro Valero me sentencia "Fidel es la unidad inquebrantable que nos hace fuertes", y María del Carmen Romero me confiesa "nací en 1960, he vivido mi vida gracias a él, por él soy quien soy, le debo todo".

Y si usted quiere razones para tanto amor no busque explicaciones, nadie podrá explicarle el fenómeno que es Fidel Castro, porque hay hombres que simplemente se les quiere y se les lleva en el lado izquierdo del pecho, y por eso sólo se les dice hasta la próxima batalla; hasta siempre, Comandante.