CAMAGÜEY.- Sectores recalcitrantes de la sociedad norteamericana no esconden su irracional euforia por la muerte del Líder de la Revolución Cubana, el hombre que nacido en cuna de oro vivió para dignificar a los seres humanos, a los pobres, a los desposeídos de esta Isla y allende sus mares.

Sujetos no simpatizantes con la Revolución, pero fundamentalmente residentes en Estados Unidos, muestran odio y contentura porque el corazón de Fidel dejó de latir.

A simple vista, sin mucha búsqueda de argumentos, la fanfarria armada con fines publicitarios es de corte neofascista en una nación, como la norteña, en que  por la esencia misma del capitalismo, el hombre se convierte en lobo del hombre.

Fidel jamás disfrutó de la muerte de un ser humano ni de los más acérrimos enemigos. El concepto de humanismo constituyó para él la mejor arma de confrontación ideológica.

Quienes alimentan las guerras, la miseria, el hambre y las más inimaginables formas de torturas sicológicas y corporales recurren a engañosas mentiras que acuñan  con gastados símbolos al estilo de Joseph Goebbels, el ideólogo del fascismo.

En contracorriente con posiciones  fuera de toda lógica como estampan los medios de comunicación al servicio del capitalismo, el mundo civilizado se ufana en reconocer los valores humanos del hijo más aventajado de José Martí.

Millones y millones de personas en el mundo le están agradecidos por lo que Fidel hizo con su estratégica política, apoyado por su educado pueblo, a favor de la salud, de tender la mano desinteresada a los enfermos, de devolver la vista, mediante la Operación Milagro a ciegos o débiles visuales.

En la vocación humanista de Fidel estuvo –y estará por su legado—llevar el pan de la enseñanza a los que no sabían leer ni escribir, con el método pedagógico cubano: Yo sí puedo.

Son estos dos elementos un mínimo reflejo de los amplios valores sembrados por Fidel en América Latina y en el mundo. No por gusto son tantas las muestras de tristeza y de confianza en el futuro que llegan de muchos lugares.

“Solidarios desde Venezuela. Mucha firmeza  ante tan lamentable noticia. Lo cierto es que Fidel está definitivamente en la
inmortalidad. Su vida de revolucionario será un ejemplo luminoso”, Luis Blanco, nacido en la patria de Chávez y exestudiante del pedagógico “José Martí”, de Camagüey.

El poeta y escritor italiano Mauricio Butilleti manifestó: “Muy triste, hemos perdido a Fidel. Mucha fuerza para seguir  adelante”; mientras Carlos Dario Termelian, farmacéutico argentino dijo: “Todos lloramos, pero tenemos que seguir la lucha”.

Un emigrante cubano, asentado en Estados Unidos, llamó a su madre para comunicarle qué sucedía allá ante la muerte de Fidel. No cupo otra expresión: ¡Que ignorancia tan grande, que injusto, por Dios. No saben lo que hacen”.

Magela Prieto Betancourt, graduada de periodismo y residente temporal en Ecuador en despacho por Facebook confirmó: “Los cubanos nos sentimos muy tristes. Duele de verdad. Es desgarrante ver como amigos y compañeros de toda una vida se alegran. Me parece al leerlos que es irreal…”.

Tomé al azar una muestra de opiniones. Empecé por un carnicero: “Fidel es la figura del siglo XX”. Una cuidadora de una anciana: “Cómo ayudó a los pobres”. Un jubilado: “Le dio casas a quienes no tenían”. “Era esperada la muerte, pero no deja de sorprender. Es un hombre de una estatura universal”, un técnico ferroviario, encargado de la reparación de las vías férreas.

Una ginecoobstetra del hospital materno provincial: “Todo lo que hizo con su inteligencia fue para favorecer a la humanidad” y una trabajadora del sector de comercio minorista mixto: Fidel es una luz que brilla en el universo”.

Los que actúan con manifiesta ironía y burla son afiebrados y esclavos del capitalismo, cuyo paradigmas son de odio, egoísmo y maldad, mientras la figura de Fidel se yergue como un apóstol de la dignidad y el humanismo.

Los intolerantes aprendan del Papa Francisco: “Expreso mis sentimientos de pesar a vuestra excelencia y a los demás familiares del difunto dignatario, así como al Gobierno y al pueblo de esa amada nación.

“Al mismo tiempo, ofrezco plegarias al Señor por su descanso y confío a todo el pueblo cubano a la materna intercesión de Nuestra Señora de la Caridad del Cobre, Patrona de ese país”.