CAMAGÜEY.- Fidel es mío, decía yo en los días de ni niñez, cuando su figura verde-olivo ( en realidad lo veía en tonos grises) aparecía en la pantalla del viejo televisor Motorola que un día ya no dio para más, pero pasado un tiempo, gracias a Fidel, mis padres pudieron comprar uno ruso, por un módico precio y una discreta mensualidad para amortiguar el crédito, igual que sucedió con el refrigerador Minsk y la lavadora Aurika que todavía funciona.

Fidel es mío, como lo es de ustedes, aunque yo me atribuya un parentesco, el que se me ocurra a la hora de recordarlo, en definitiva cada cual lo quiere a su manera.

Y digo más, Fidel es de mi familia, porque por adversidades de la vida, mi padre, ya fallecido hace más de una década, enfermó primero de tuberculosis y al mucho tiempo de lepra, y se curó de ambas enfermedades gracias a Fidel, que para mí es lo mismo que decir gracias a Dios.

Mi madre, muy joven, se tituló de modista en una academia de corte y costura que, gracias a Fidel, se abrió en la esquina de la casa donde vivíamos, si es que a aquello se le podía llamar casa, pero por las cosas buenas que Fidel concebía, aunque siempre ha habido quien no las cumpla correctamente, nos dieron otra mejor, sin goteras, con servicio sanitario, con pisos brillantes, en realidad no era la que me correspondía, porque alguien que ya no existe, se fue para la nuestra y nos dejó la suya, de todas formas nosotros fuimos felices… él y los suyos, mejor ni hablar.

Fidel obsequió a mis hermanos, al varón le dio Camilitos, y lo hizo ingeniero electro-energético, trabaja en Varadero; a la hembra la becó en el IPVCE Máximo Gómez, desde el 7mo. hasta el 12no. grado, y de ahí la mandó a estudiar a la antigua URSS a hacerse economista, y ha echado raíces en la Recapadora.

Corté la parte de mi madre por lo de la casa, no terminé de decirles que estudió y se hizo auxiliar pedagógica titulada, especialista en preescolar, y yo me enorgullezco cada vez que médicos renombrados, o una sencilla ama de casa la visita o se cruzan en la calle y le dicen: “Carmen, mi maestra”, y le dan un beso y un abrazo lleno de cariño. Entonces pienso, que eso es un regalo de Fidel.

Yo, bueno, ustedes saben, soy periodista, “escriba de Castro” y a mucha honra, como me clasifican en el “expediente de peligrosidad” que elaboró algún mercenario para colocarlo en internet, quien tuvo a bien subrayar mi condición de martiana y fidelista.

Claro que Fidel no es solo mío, porque todos los cubanos, y hasta gente de otros pueblos, de otras naciones, tienen algo, que no es poco, que han recibido de Fidel, al que no le importó si lo querían o no, ni a donde fueron después a parar, con regalo y todo a cuestas.

Por cierto, mira que hay gente malagradecida, aunque está claro que, aunque pretendan negarlo, a mí si no me pueden engañar, porque por mucho que traten de ocultarlo, llevan consigo y para siempre lo que les dio Fidel.

Por mi parte, yo sigo diciendo que Fidel es mío.

Foto: Tomada de Prensa LatinaFoto: Tomada de Prensa Latina