CAMAGÜEY.- Pareciera que la vida se empeña en que el Dr. Leosvel Pérez Gutiérrez y yo seamos eternos amigos vía Internet. No lo conocía cuando le pedí la primera entrevista.

Él estaba en Sierra Leona entre los 256 médicos cubanos que hacían hasta lo imposible por combatir el Ébola allí, en Liberia y en Guinea Conakry y lo lograron, porque erradicaron tan letal padecimiento. Fueron seis duros meses en su vida y la de su familia, y diría más, para el pueblo de Cuba que quería “apuntalarlos” a todos desde aquí para que regresaran sanos y salvos.

Hoy el tema es otro, se trata de la desaparición física de nuestro Líder Histórico de la Revolución Cubana, Fidel Castro Ruz. Mi solicitud igual, por Internet, y su respuesta no se hizo esperar desde el celular medio descargado, por eso solo demoró el rato en que se restableció el servicio eléctrico en la provincia de Kie Nten, municipio de Ebebiyin en el centro de salud de Angokon, en Guinea Ecuatorial, donde dice con humildad: “Me encuentro ahora de misión por dos años”.

Antes estuvo en Guatemala y más tarde en la República Bolivariana de Venezuela. Su residencia está enclavada en el municipio camagüeyano de Vertientes, y de sus 44 años de vida, Leosvel cuenta 20 dedicados a esa profesión que Fidel tanto amó, defendió y luchó por conseguir galenos bien preparados, con una humanidad sin límites, sencillos, sin afán de lucro. Con sus 13 años como especialista en Medicina General Integral (MGI), muy vinculada a las aspiraciones del Comandante en Jefe de lograr médicos así, integrales, tiene mucho que contar.

Es lógico que este hombre diga que su “última gran experiencia fue como miembro del contingente Henry Reeve en Sierra Leona”, ese ideado por Fidel para enfrentar adversidades en otros lares.

—Entrar en el tema se imponía, ¿qué ha sido para ti el amanecer de este 26 de noviembre?

—En horas tempranas, como es habitual, me dispuse a revisar las noticias de mi familia y la prensa digital cubana, entonces vi un inquietante cintillo que causó una gran preocupación en mí. Indagué en las redes sociales en voz de compañeros también de misión que desde otras tierras la compartían.

“Me sentí fuertemente conmovido y mi reacción fue buscar colegas para corroborarlo en colectivo y entre todos compartimos con dolor y amargura. La televisión nos confirmó en la propia voz de nuestro Presidente y su propio hermano Raúl Castro Ruz. Otros nos comunicamos también vía telefónica y nos poníamos al día con los detalles de lo que iba aconteciendo, pues en breve tiempo perdimos el fluido eléctrico y las redes sociales fueron la única alternativa posible de información mediante los celulares”.

—¿Qué vino a tu mente en un momento así?

—Imagínate. Soy hijo de una familia humilde y campesina, educado siempre bajo principios solidarios y de respeto, con la posibilidad de estudio que solo una Revolución como la que libró nuestro Comandante y Líder invicto podía ofrecerme; de otra manera habría que resignarse a lo que la herencia familiar pudiera determinar en el futuro.

“Por su empeño y sabiduría frente a la amenaza más grande de este mundo supo conducir a la Patria por caminos soñados por nuestros Héroes y hechos realidad por él cuando materializó el programa revolucionario que consolidó a lo largo de toda su vida. Nos educó para que cuidáramos las  indiscutibles conquistas y mi gran admiración desde el punto de vista personal está signada por esa visión humanista que supo compartir con el mundo entero a través de los Programas Integrales de Salud para demostrar que no hay derecho humano más sagrado que velar y preservar la salud del ser humano.

“La visión mercantilista de la medicina la he podido palpar en cada uno de los países donde he tenido la oportunidad de trabajar, dándome cuenta cada día del sagrado sistema de Salud cubano con el que no cuentan en este mundo, por mucho desarrollo y tecnologías en sus manos, porque son las minorías quienes pagan tan indispensable servicio”.

—¿Cómo influyeron en ti los propósitos de este hombre que ahora es más fuerte ante el mundo?

—A lo largo de mis estudios fui asimilando su ideología y me permitió comprender muchas cosas en este mundo y las previsiones y discursos de Fidel me fueron mostrando un camino diferente por el cual él y muchos otros antes habían luchado, aquí radica la solidez de nuestras convicciones y el desinterés de ganar más, sacrificarnos aún a riesgo de nuestras propias vidas para ayudar a los más pobres que no habían tenido la posibilidad de recibir atención médica, tanto en nuestra Patria como en el extranjero.

—¿Cuál es tu máxima a partir de ahora?   

—Seguir siendo fiel a esa ética forjada por nuestra historia, por el Comandante eterno y nuestros profesores de carrera. Toda riqueza que hoy puedan mostrar los países del primer mundo flaquea ante el ejemplo y las conquistas sociales que un país pobre como el nuestro pudo lograr bajo su liderazgo y seré consecuente con sus ideas por nuestro pueblo y por los pueblos del mundo.

“No puedo olvidar cómo aprecié con dolor el sufrimiento de seres humanos ante la terrible epidemia del Ébola que azotó al África Occidental hace apenas dos años y cómo me sensibilicé, como mis compañeros, con esa necesidad de cooperar para ayudar y atender a los que no pueden pagar para recibir atención médica, así aclamaban los órganos internacionales de la ONU y la OMS para erradicar la enfermedad que amenazaba a nuestra especie y que sin el financiamiento de las potencias desarrolladas no se hubiera logrado por los cuantiosos recursos que se necesitaban.

“A partir de ese momento pude darle más valor a mi profesión, a mi familia y a nuestro sistema que puso el medio que más se necesitaba en ese momento y que no todos en el mundo estaban dispuestos a ofrecer: los recursos humanos; solo un pueblo fue capaz de brindarlo y ese fue ¡Cuba!, por eso, nuestro Comandante con plena lucidez y visión nos dedicó una reflexión como el guerrero que no deja a merced de una derrota su ejército de Batas Blancas”.

—Si tuvieras la posibilidad de decirle algo a Fidel, ahora, ¿qué sería?

—Hoy solo le diría que vivo orgulloso de ser consecuente con sus ideas, con satisfacción me alegra que la generación histórica de la Revolución pueda contar con profesionales como nosotros y que su discurso lleno de esperanzas dedicado hace muchos años a mi generación lo materialicemos como dignos abanderados de este siglo para defender a nuestra Revolución. Y no podría faltar un ¡Hasta siempre COMANDANTE!