CAMAGÜEY.- Gigante de mil batallas. Te despides en un día memorable: queriendo volver a surcar los mares de esperanzas, como hiciste 60 años atrás en el yate Granma.

Nadie podía imaginar que la noticia nos sorprendería. Ya dormía cuando sonó el teléfono y la voz de una compañera anunció con una voz tomada por el llanto: murió Fidel. Colgó.

Mi familia, mi esposa y mi hija, se unieron al dolor. Buscamos convencernos con nuestros propios ojos y oídos, y escuchar la alocución de Raúl ante las cámaras de la televisión cubana. Lo hizo, lógicamente, compungido y vestido con el verde olivo que Fidel encarnó como símbolo de rebeldía.

Fidel fue el hombre que tendió las manos a los pobres, enarboló, sin fronteras, el internacionalismo, sembró la dignidad, el valor y el coraje entre los cubanos.

No escapa en este minuto de dolor las veces que lo acompañé como periodista en recorridos por esta provincia, de ver la grandeza de su ejemplo, la modestia con que hablaba con la gente de pueblo.

En Camagüey dejó establecido muchos proyectos, vislumbró en aquel discurso del 26 de Julio de 1989 la posibilidad de la desintegración de la extinta URSS y del campo socialista, definió qué es la ciencia del ejemplo y la posibilidad de que Cuba se convirtiera en una potencia médica mundial.

Me parece verlo en este minuto aquella noche del 9 de diciembre de 1981 en el teatro “Alkázar” resumiendo el V Congreso del Sindicato Nacional de los Trabajadores de la Salud y elogiando a los soldados de las batas blancas por el enfrentamiento a la epidemia de dengue.

Guardo en mi mente la imagen de aquel 10 de diciembre, cuando sobre el mediodía visitó la sala de terapia intensiva, en construcción, en el hospital pediátrico Eduardo Agramonte Piña. Fue una inyección de optimismo para los camagüeyanos seguir trabajando.

Sus ideas se abrieron --y se abren-- paso en estas extensas llanuras, donde habló con el obrero, con el intelectual, en una palabra, con el pueblo, donde aglutinó voluntades para transformar esta provincia llena de historia.

Hoy el pueblo en silencio llora a Fidel, al invicto Comandante y jura solemnemente ante su memoria de que su legado perdurará y que ante los peligros de la Patria cada cubano se convertirá en un Comandante en Jefe.