Fidel en Camagüey

No concibo una existencia sin Fidel. Sencillamente, porque como estadista y ser humano integra la ética, la verdad, la valentía, el tesón cotidiano, lo mejor, más calificado y universal del arte de la política y una cultura integral incomparable con cualquier otro estadista contemporáneo.

JORGE TIMOSSI /Periodista y escritor argentino cubano


 

 


A su paso, el Comandante dejaba una estela perenne. Bien lo sabemos los de El Camagüey, provincia privilegiada por sus visitas. De su andar por aquí, le contamos.

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Fidel y Gayol por la senda de Martí

Aún permanecen frescas en la memoria, como si hubieran pasado apenas unos días, las acciones de dos héroes como Fidel Castro Ruz y Jesús Suárez Gayol...

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Domingo Santos Pérez conserva en su memoria las escenas, los nervios, la alegría de los niños y la reacción de los maestros. A sus 63, afirma: “Es imposible olvidar cada detalle de aquel 1ro. de julio del año 1980, cuando Fidel nos sorprendió en la escuela”.

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Los sentidos del 59

“(…) La libertad no es todo. La libertad es la primera parte, la libertad para empezar a tener derecho a luchar”.

Fidel Castro, 4 de enero de 1959, Camagüey

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Fidel en Cayo Confite

Cayo Confites, paraje marino, descrito en las cartas náuticas a 44 millas del puerto de Nuevitas, reservó un momento especial en la vida de revolucionario de Fidel.


Fidel Castro: dos 26 de Julio en Camagüey

Recuerdan visita de Fidel a fábrica de quesos de Sibanicú

Permeados del recuerdo de Fidel, quien visitara la fábrica de quesos en ejecución en Sibanicú el 25 de Julio de 1989, hoy hace 28 años, los trabajadores de esta industria siguen siéndoles fiel al llamado que le formulara de producir en cantidad y calidad.


La muchacha de la cara “sucia”

María Teresa Brancacho Martínez en profesora de Español-Literatura, y ya disfruta de su jubilación en su casa de Florida. Ella también conserva el recuerdo de un encuentro personal con el Máximo Líder de la Revolución Cubana.


Lo toqué y le picheé

Pasadas las 3:00 p.m. del sábado 12 de mayo de 1973, el profesor Silvente y el reducido grupo de alumnos que no habían salido de pase, quizá porque vivían en provincias distantes del entonces instituto pecuario Mártires de Pino Tres —aún en construcción— decidieron irse a jugar pelota a un terreno improvisado.