María Teresa Brancacho Martínez.Foto: Otilio Rivero Delgado/AdelanteMaría Teresa Brancacho Martínez.Foto: Otilio Rivero Delgado/AdelanteFLORIDA,CAMAGÜEY.- María Teresa Brancacho Martínez en profesora de Español-Literatura, y ya disfruta de su jubilación en su casa de Florida. La conocí el día que fui a entrevistar a su esposo, Eudaldo Silvente, del que publicamos que le había picheado a Fidel en el politécnico Pino Tres el 12 de mayo de 1973, y para sorpresa nuestra ella también conserva el recuerdo de un encuentro personal con el Máximo Líder de la Revolución Cubana.

Refiere que en el año 1962 estudiaba en el instituto  Máximo Gorki de La Habana para profesora de idioma ruso, como parte del primer grupo de alfabetizadores que recibieron becas, cuando una tarde de paseo por la 5ta. Avenida del reparto Miramar, en compañía de otras dos estudiantes, tuvieron la grata sorpresa.

“ Estábamos disputándonos las almendras que encontrábamos debajo de las matas, cuando Ernestina Fustier, que era de nosotras la más avispada, se percata de que se detienen dos carros y apunta al segundo de ellos y comienza a decir que creía que era Fidel. Inmediatamente nos aproximamos, la tercera muchacha era Carmen Rodríguez; vestíamos el uniforme de becadas de la época con el que se usaba un kepi que llevábamos puesto en las cabezas, por lo que al vernos nos pregunta dónde estudiábamos, cuando le respondimos que en la Gorki quiso saber si era para profesoras o traductoras de ruso, a lo que le respondimos que para profesoras.

Con esa costumbre de preguntarlo todo siguió:

¿Por qué andan por aquí, hoy es día de pase?  A lo que respondimos que éramos del interior. 

¿Están en Las Flores o en Siboney?  En Las Flores, respondimos, entonces nos dijo: Ese es mi reparto jarochó*.

“ Se interesó por cosas elementales de nuestra vida en la beca, por la calidad de la comida, las condiciones de los albergues… hasta que nos quitó los kepis y nos pasó la mano por la cabeza, entonces  Ernestina, sin darle tiempo aún reclamó:  ¿y a mí no me va a tocar la cabeza porque soy negra? Él se rió, y repitió el gesto con ella, y nos dio un beso en la cara a cada una.

“De regreso al albergue armamos gran alboroto, hacíamos el cuento repetidas veces, y ¡en dos días no nos lavamos el lado de la cara besado por Fidel; imagínate, nos decían cochinas, cualquier cosa,  no queríamos borrar la huella. Hasta hoy la mantengo intacta en mi corazón”.

*Pronunciación del vocablo ruso que significa bueno.