Fidel el 12 de abril de 1959 en Camagüey

CAMAGÜEY.- La multitud colmó el parque Finlay y sus alrededores. Los hombres cubrían sus cabezas con los típicos sombreros de yarey, aunque no faltaron mujeres que asistieran a la concentración de clausura del Congreso Provincial Campesino al que concurrió Fidel.

Fue un día de mucho ajetreo. Quedaba inaugurada la primera cooperativa arrocera Ignacio Agramonte y se producía la visita a la arrocera La Oliva en el municipio de Florida. Era un jolgorio para los camagüeyanos ver cómo a pocas semanas del triunfo de la Revolución se iniciaba la transformación de nuestros campos.

La “Ignacio Agramonte” se estableció en el latifundio que era del exsenador Guillermo Aguilera, en la que en ese momento se asentaban 345 familias campesinas y no serían las únicas.

En el lugar se sembraron 200 caballerías de arroz y la perspectiva fue aumentar esa cantidad, al tiempo que se araba para plantar nuevas áreas, de manera que 800 familias vivieran de ese grano, proyecto concebido con casas decorosas , escuelas y tiendas para comprar a precios razonables.

Fidel lo anunciaba: de los fondos de la Reforma Agraria se entregaron un millón 150 000 pesos en total, en lo que constituía la primera inversión grande a favor de la reforma agraria, desde entonces la concepción fue producir para sustituir importaciones.

Con esa claridad de siempre, Fidel enarboló la idea de que antes los políticos y los gobernantes para traer a la gente a un acto, como ese, tenían que pagarle, ofrecer dinero y obligaban a los obreros de los sindicatos a asistir bajo amenaza de expulsarlos del trabajo.

Y esas miles de personas que se reunieron allí —la foto es una demostración de la masividad— no fueron obligadas, fue la respuesta del pueblo, contra las mentiras y calumnias que se escribían —y se escriben aún— contra la Revolución, a la que Fidel calificó de buena, generosa y justa.

“El pueblo no viene aquí a pasear, el pueblo viene aquí a decir presente, el pueblo viene aquí a decir esta es nuestra Revolución, y para quitárnosla hay que matarnos (APLAUSOS); esta es nuestra justicia y para impedirla hay que matarnos; esta es nuestra libertad y para quitárnosla hay que matarnos; esta es la vida de nuestros hijos, dirán las madres, y para matarlos tendrán que matarnos a nosotras; este es nuestro trabajo, nuestro pan, nuestra redención, dicen los obreros, y para quitárnoslo, hay que matarnos”. (APLAUSOS PROLONGADOS).

“Esta es nuestra Reforma Agraria, dicen los campesinos, esta es nuestra tierra, y para quitárnosla, hay que matarnos; esta es nuestra alegría, esta es nuestra felicidad, este es el porvenir de la patria, y para quitárnoslo, hay que matarnos [... ]”.

Fidel aquel 12 de abril lo pronosticó, de que no habría en Cuba niños descalzos o comidos de parásitos, ni hambrientos y sin escuelas, ni viejitos sin pensión, y hoy retumban con más fuerza sus palabras de que esta Revolución “sabremos defenderla cueste lo que cueste, que sabremos defender hasta la última gota de nuestra sangre, que defenderá todo el pueblo, hombres y mujeres ancianos y niños [...] ”.


Reflexiones de Fidel