GUÁMARO, CAMAGÜEY.- Cuando era un adolescente, Luis Barba Téllez conoció a Fidel. Y aún guarda los recuerdos del día que lo vio aparecer en la finca familiar “Las Margaritas” en este municipio.

“Anteriormente él había intentado llegar a la casa pero el camino estaba muy malo. Cuando fue a entrar, el carro se quedó atascado en el fango y tuvo que virar. Ahí mismo mandó a arreglar el terreno y a los meses volvió, allá por el '65”.

¿Cuál era la relación entre su familia y Fidel?

“La relación existía gracias a mi tío Álvaro -- se refiere a Álvaro Barba Machado, compañero de lucha de Fidel --. Ellos se conocieron en la Universidad de La Habana. Mi tío estudiaba Ingeniería Agrónoma y era presidente de la Federación Estudiantil Universitaria. Allí se hicieron buenos amigos y después siguieron juntos en la lucha”.

“Ya después del triunfo de la Revolución, que mi tío se convirtió en director del Departamento Forestal y Frutal del Instituto Nacional de Reforma Agraria, se les podía ver intercambiando impresiones sobre cualquier tema. Era una buena amistad, mi tío lo quería como un hermano y todos en la familia también”.

Pero en 1965 cuando Fidel fue a Las Margaritas ya no vería a Álvaro...

“No, y esa es una de las razones por lo que siempre lo admiramos. Hacía tres años que mi tío había muerto y el Comandante siguió ocupándose de mi familia. Incluso, mandaba a buscar a los viejucos a la Habana para hacerse chequeos médicos y hasta le puso una casa para que se quedaran allá”.

“El día que llegó a la finca saludó a todos, sin embargo con el que más conversó fue con mi abuelo Jacinto- padre de Álvaro -. Sentados en un sillón en el portal de la casa, le preguntó sobre las áreas que tenía, el tipo de reses y la perspectiva de aumentar la masa ganadera”.

Fidel conversa con el viejo Jacinto, padre de Álvaro Barba.Fidel conversa con el viejo Jacinto, padre de Álvaro Barba.

“La escena la mirábamos todos. Él estaba muy cómodo en su asiento. Yo lo veía grande, me impresionaba solo con el tamaño, usaba unas botas enormes también. Yo me fijé en todo lo que pude”- y sonrió.

“No obstante, en ese momento, quizás por mi corta edad o porque siempre se le trató como uno más de la familia, no era consciente del privilegio de tener en la propia casa a un hombre como él”.

Foto familiar en la Finca Las Margaritas.Foto familiar en la Finca Las Margaritas.

¿Esa fue la única vez?

Lo volví a ver en Palo Quemado –sede de la Empresa Pecuaria Rectángulo-- en un recorrido que hizo por el territorio. Yo estaba allí con mis padres que trabajaban en ese lugar. Ahí sí conversé con él-- respondió emocionado--. Se acercó y me preguntó si estaba estudiando y qué idea tenía para el futuro. Yo lo tenía bien claro y así se lo hice saber: 'voy a coger una carrera que puede ser Agronomía o Veterinaria, cualquiera de las dos porque me gustan mucho'. Y cumplí, porque me gradué de Técnico Medio en Veterinaria. Ya hoy llevo 42 años de trabajo en el sector.

A sus 64 años, este Barba recuerda a Fidel como un hombre activo, inteligente y solidario. Hoy comparte sus experiencias con los más jóvenes. Hoy mira con nostalgia y alegría a la vez, las fotos de aquellos momentos. Hoy sí está consciente de cuán afortunado fue de conocerlo personalmente y le agradece a la vida por eso.