CAMAGÜEY.-Dijo el Héroe Nacional cubano, José Martí, con su palabra universal, que ninguna voz es débil para rendir honor, de aquí que me atreva en esta ocasión a escribir acerca de Fidel, para nosotros, en la grandeza de su sencillez, Fidel Castro Ruz, para el resto del mundo.

La dimensión del Líder de la Revolución Cubana, forjada desde la adolescencia con un signo de rebeldía en el colegio de jesuitas donde cursó parte de su enseñanza, gesto protagonizado ante el castigo injustificado a uno de sus compañeros, lo marcó para toda su fructífera vida, ya fuere como estudiante universitario, como abogado después de graduado, y como genial organizador revolucionario que lo llevó a liderar un grupo de valientes jóvenes que el 26 de julio de 1953 asaltaron los cuarteles Guillermón Moncada, en Santiago de Cuba, y Carlos Manuel de Céspedes, en el municipio de Bayamo, en acción dirigida a encender la llama que derrocaría la dictadura de Fulgencio Batista, que oprimía y asesinaba al pueblo.

Fracasado el golpe desde el punto de vista militar, a un sangriento costo de vidas entre los asaltantes, pero válido para conmocionar la conciencia ciudadana, devino la prisión fecunda de él y los que lograron sobrevivir a la brutal represión castrense, durante la cual se fortaleció el ideal de no cejar en la lucha hasta derrocar el tirano, con la guía del memorable documento programático de La Historia me Absolverá, alegato pronunciado por Fidel en el juicio que se les siguió por los sucesos del 26 de julio.

La presión popular obligó al dictador a promulgar una ley de amnistía para los revolucionarios quienes, encabezados por Fidel Castro, como líder indiscutible, prosiguieron en sus acciones subversivas contra el régimen al punto que ante el peligro de ser arrestados o asesinados, como otros compatriotas, se vieron en la necesidad de exilarse en México, para continuar organizando la lucha que tendría parte de culminación con el desembarco de los 82 expedicionarios del yate Granma, por la provincia de la zona oriental del país, un 2 de diciembre de 1956.

Tras los reveses iniciales de los expedicionarios, a los que ya se había unido en la capital azteca el revolucionario Ernesto “Che” Guevara, los que no habían sido apresados o asesinados lograron agruparse con la ayuda de los campesinos, con Fidel y Raúl para constituir el núcleo inicial de lo que sería el Ejército Rebelde, que durante casi dos años, contra todas las teorías castrenses lograron vencer en una guerra irregular una fuerza militar profesional instruida por oficiales norteamericanos y avituallada de armas y pertrechos por el Gobierno estadounidense y entrar triunfantes el 1ro. de enero de 1959 en pueblos y ciudades, con la tiranía descabezada a sus pies.

No se equivocó Fidel, cuando en sus discursos iniciales tras la victoria, previno que estarían por venir días más difíciles para la Revolución que los afrontados durante la guerra, conocedor de que jamás los Estados Unidos permitirían a 90 millas de su territorio un gobierno donde el principal protagonista fuera el pueblo con ideales de justicia y soberanía.

Y no otra cosa ha sido la vida de los cubanos en estos 58 años, con agresiones militares como la organizada por el Gobierno estadounidense de turno en 1961 y que fuera derrotada en 66 horas, con los padecimientos y escaseces causados por el criminal bloqueo a que nos somete, con cientos de sabotajes y actos terroristas a un costo humano de más de tres mil vidas, y varios cientos de mutilados e incalculables daños materiales y en fin tensos, alertas y preparados siempre por lo que pudiera sobrevenir.

Ahora bien, frente al más poderoso de los enemigos, quien forjó está capacidad de lucha, de resistencia activa, quien nutrió las raíces patrióticas mambisas de este pueblo, quien lo unió férreamente bajo las banderas de la Revolución, quien despertó y alimentó su vocación solidaria e internacionalista, quien lo hizo digno, culto, instruido, científico, atlético, saludable, productor, constructor, quien ganó autoridad y prestigio universal para la patria, quien trazó la estrategia del desarrollo económico, social, político e ideológico de este país que ha jurado no renunciar nunca a su ideal socialista y a la edificación de una sociedad de justicia, bienestar y paz.

Todo esto, como dijo un poeta en una evocación parecida, solo tiene un nombre: FIDEL, con su probada genialidad, su inigualable dote de conductor, de avezado político y estadista, de ser profundamente humano, ético, solidario y exquisita sensibilidad, amante irreductible de la verdad, cautivamente comunicador, probada valentía, convicción y principios antiimperialistas e ideología martiana y marxista-leninista y entrañable amor a la patria, a su pueblo, y a la Humanidad.

Supo, en la humildad de su grandeza, cuando la quebrantada salud le impidió seguir, deponer todos sus cargos públicos para que fueran asumidos por Raúl, no por hermano, sino por los méritos acumulados a lo largo de su protagonismo en el Moncada, en el Granma, en el Ejército Rebelde y en la construcción del socialismo cubano.

Por todo ello, en las complejas condiciones actuales, cuando parejamente a la actualización de nuestro modelo económico y social transitamos el escabroso camino hacia la normalización de las relaciones diplomáticas recién restablecidas con los Estados Unidos, hoy cuando nuestro Líder Histórico cumple 90 años y su estatura como revolucionario alcanza dimensiones universales, la inmensa mayoría de los cubanos, privilegiados por haber vivido en su época, seguimos abrazados a la extraordinaria riqueza de su pensamiento y declaramos el amor que sentimos por su obra y su ejemplar existencia, le deseamos más larga vida y le damos un : ¡Gracias Fidel !