SIERRA DE CUBITAS ,CAMAGÜEY.- Primero fue Caracamisa; muchos años después Cocina Alta, y luego Cubita Arriba. En ese puerto de la sierra, al finalizar la Guerra de Independencia, se avecindaron isleños y criollos;los primeros, dispersos soldados españoles, campesinos pobres en su tierra; y los segundos, cubanos a quienes sorprendió el fin de la guerra por este lado, y que aparte de estar alzados en el monte, ya no sabían hacer otra cosa.

Años adelante, en torno a un sanatorio que hizo montar la Jaronu Sugar Co., aprovechando el clima del lugar para la miríada de braceros que llegaban a los cortes y enfermaban de tuberculosis, se levantó una miserable ranchería. Con el tiempo, y hasta ahora es Pozo de Vilató. Pero esa es otra historia.

La escuela Conrado Benítez, lugar de acampada de Fidel en septiembre de 1966 sigue en pie, devenido sitio de atracción histórica para la comunidad serrana. Foto: Otilio Rivero Delgado/AdelanteLa escuela Conrado Benítez, lugar de acampada de Fidel en septiembre de 1966 sigue en pie, devenido sitio de atracción histórica para la comunidad serrana. Foto: Otilio Rivero Delgado/Adelante

Bajando desde Judas de la Cunagua, al noroeste, en septiembre de 1966, el Comandante en Jefe Fidel Castro emprendió un recorrido por la llanura costera del norte camagüeyano para revisar proyectos agrícolas de una región comprometida con el monocultivo de la caña, pero con muchas más posibilidades de desarrollo.

En un punto de la ruta, por las inmediaciones de Lombillo, tomó el abandonado terraplén que enrumbaba hacia la capital de la provincia, distante muchos kilómetros tierra adentro, pero para eso aún debía trasponer la Sierra de Cubitas a través de Cubitas Maduro-Pozo de Vilató y bajar por el antiguo carril de Hinojosa para alcanzar Paso de Lesca.

 AL ATARDECER DEL VIERNES 9 DE SEPTIEMBRE DE 1966

Carlos Alfonso Fernández nació en Pozo de Vilató, y lo primero que recuerda de su vida fue trabajar por un peso subiendo árboles para tumbar 2 000 mameyes.Pero aún podía ganar otro peso por llevar esa carga a Camagüey.

Para eso debía salir a las cuatro de la tarde del día anterior para estar en la ciudad a las nueve de la mañana. Lo único que se movía en esa ruta eran caballos y carretas. Morirse era mejor que enfermarse. Así dice Carlos Alfonso, que ya tiene 87 años.

Luego de 1959 se logró levantar casi a la entrada del caserío, por el camino al desfiladero y como recostada a un bosque de cedros, una rústica escuela de guano, tablas y piso de tierra con una única aula, y al entonces joven Carlos se le dio la responsabilidad de atender a las maestras residentes sierra abajo por la zona de Yabunal.

“Aún guardo algunas piezas de ese farol porque para mí es parte de la historia de este pueblo”, rememora Carlos Alfonso Fernández. Foto: Otilio Rivero Delgado/Adelante“Aún guardo algunas piezas de ese farol porque para mí es parte de la historia de este pueblo”, rememora Carlos Alfonso Fernández. Foto: Otilio Rivero Delgado/Adelante“Ese día por la tarde voy para la escuela con las dos maestras que andaban revisando no sé qué, y veo desde lejos a un grupo de personas. Estoy lejos, pero distingo a uno, y me sale aquello de:¡Coño, ese es Fidel!

 “Y ellas diciéndome: ¡‘Vamos a virar, vamos a virar, que si es Fidel nos va a estar preguntando cosas hasta mañana’!

 “Pero qué va, seguí para la escuela. Cuando llegué, ya mi padre estaba con Fidel, porque

nuestra casa está muy cerca.Me presenta al Comandante, él me saluda y me tira el brazo por encima y empieza a preguntarme qué cosa yo hacía y cómo estaba la zona, y me llevó de un lugar a otro. En una de esas Fidel le solicita a mi papá quedarse en la casita donde estaba la escuela, porque había que descansar y aún quedaba mucho por delante, y él le comentó: ‘Mire, Comandante, tengo una matica de mango y quisiera que la viera. Tres de sus hombres no La escuela Conrado Benítez, lugar de acampada de Fidel en septiembre de 1966 sigue en pie, devenido sitio de atracción histórica para la comunidad serrana.

“Aún guardo algunas piezas de ese farol porque para mí es parte de la historia de este pueblo”, rememora Carlos Alfonso Fernández. la abracan’. Fidel se admiró ante el colosal árbol.

 Luego lo interroga acerca de por qué no sembraba café Caturra. Se rió porque hacía rato que estaba sembrando ese tipo de café, y entonces se fue con él al fondo, al cafetal, y le mostró algunas matas, cargadas todas y dobladas por la cantidad de granos

que tenían. Fidel se puso a hacer cálculos de cuántas libras se podían obtener de cada mata, sacó una maquinita de esas de sacar cuentas, pero qué va, aquello era difícil.

“Después el viejo comentó que iba a preparar un puerco para la comida, pero le respondió que no, que de carne nada, que si era posible conseguir plátanos y algunas yuquitas. Así que mi padre me pidió que agarrara el caballo, le pusiera un basto y trajera plátanos y yuca.

“Se hizo un hueco en la tierra y se pusieron a asar algunos plátanos, y Fidel a velarlos para cogerles el gusto. Hasta que pinchó uno con un tenedor y lo probó. ‘Esto está bueno’, exclamó.

“Allí se reunió mucha gente, y el Comandante conversa y con versa. Recuerdo que una compañera le preguntó si era posible que nos pusieran una guagüita para poder viajar a Camagüey,y él le consultó a uno de quienes le acompañaban. El hombre sacó cuentas y contestó que sí,entonces le anunció a la mujer: ‘Vamos a darles dos guaguas, una para Camagüey y la otra a Esmeralda’.

“Pues mira, te cuento que a los pocos días llegaron y estuvieron mucho tiempo dando esos viajes y solucionando una pila de problemas. Cuando se fueron a dormir yo les llevé el farol chino que utilizaban los alfabetizadores”.

Hasta aquí las memorias de Carlos Alfonso, descendiente de aquellos primeros pobladores de cuando Cocina Alta.

OTRAS NOTAS DEL VIAJE

Esa noche Fidel durmió en la única aula de la escuela, en una hamaca que tendió dentro. Cuando los miembros de la cooperativa campesina quisieron hacer guardia en los alrededores, el jefe de la escolta les explicó que ellos se ocupaban de la custodia, que fueran a dormir porque al otro día había que salir temprano. Al amanecer conversó un rato más con los campesinos, en especial sobre métodos de cultivo y especies agrícolas, aprovechando el clima de la Sierra de Cubitas.

La comitiva bajó por el camino que va a Paso de Lesca, y antes de coronar la cuesta del flanco norte hizo un alto en la zona de Ocujal, lugar donde sugirió que podría abrirse un pozo para los vecinos de Vilató. Realizó una breve caminata por el entorno hasta que se paró y dijo: “¡Aquí abajo hay agua.Aquí hay que hacer el pozo!”.

 No fue fácil la perforación, de hecho muy profunda. Hubo rocas en el camino y roturas en las máquinas, pero finalmente Vilató contó con un buen abastecimiento de agua, el que le duró muchos años.

Con el tiempo, el “pozo de Fidel” se rompió y fue abandonado,y los vecinos del caserío debieron recurrir al antiguo, situado al centro de la comunidad. El pozo inicial que dio alguna vez nombre a Pozo de Vilató fue inscrito desde septiembre de 1966 en la agenda de viaje del Comandante en Jefe.