Con Fidel el día de la inauguración. Foto:Cortesía del entrevistado.Con Fidel el día de la inauguración. Foto:Cortesía del entrevistado.CAMAGÜEY.-José Ricardo Castañal Pérez tiene 70 años de edad y es uno de los fundadores del Centro de Ingeniería Clínica y Electromedicina de Camagüey, inaugurado por el Líder Histórico de la Revolución Fidel Castro Ruz, en 1987. Atesora como uno de los sucesos más importantes de su vida el privilegio, así dijo, de conversar con un hombre de su talla.

Castañal tiene una manera de ser muy peculiar. Su trabajo lo toma en serio, con mucho celo, siempre con una sonrisa y un optimismo sin par, así se me antoja.

--¿Qué sintió cuando conversó con Fidel?

--Nerviosismo, él impresiona. Recuerdo que su primera pregunta fue: ¿desde cuándo trabajas en Electromedicina?, y cuando le respondí que casi 20 años me puso la mano en el hombro y me ripostó: “aquí lo que llevas son unos días”, porque no se le va una.

“Por supuesto, le respondí así porque trabajé en La Habana y vine para Camagüey en 1971 y estuve en otros centros de la Salud Pública. Ya era de noche y le preguntó a Lázaro Vázquez, entonces primer secretario del Partido en la provincia, que si tenía dinero para pagarles a esos “muchachitos” algo para comer por tanta espera.

“Pasamos horas esperándolo porque cuando comienza a hablar lo hace con gusto y así fue dondequiera que estuvo antes. Pero fíjese, parece que se dio cuenta de que estaba nervioso y jaraneó, me echó el brazo y así liberé tensiones, él sabe cómo hacerlo”.

--A la vuelta de casi 30 años, ¿recuerda algún pedido de Fidel al colectivo?

--Nos reunió a todos y conversó acerca de sus ideas revolucionarias, del desarrollo de la medicina y qué esperaba de nosotros con mucha visión de futuro, estaba muy seguro de que podíamos, con ingenio y talento, garantizar los servicios de la Salud, a pesar del bloqueo impuesto por los Estados Unidos. Él indagó sobre los equipos que recibíamos del Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME), y lo pensé, pero no podía mentirle y le confesé que no salían buenos. Mire, si yo le miento no se le iba a olvidar nunca y eso no es correcto. Él sabía que el equipamiento serviciado por los fabricantes saldría muy caro y reparándolo aquí o hasta fabricándolo sería más barato y esquivaríamos el bloqueo.

--¿Piensa que ha cumplido con las expectativas de Fidel desde el punto de vista laboral?

--Nunca al ciento por ciento. La tecnología es muy cambiante y ocurre rápido y para hacer innovaciones es cada vez más difícil.

--Pero aquí hacen maravillas, usted mismo recuperó el ultrasonido combinado...

--Sí, en efecto, eché a andar esos equipos de fisioterapia combinada, que le cuestan al país 4 000 euros cada uno en el mercado internacional, utilizados en las salas de Terapia y Rehabilitación, pude recuperar sus tarjetas de control que son electrónicas y complejas, confieso que fue difícil. Mi hijo, que trabaja aquí me decía: 'te vas a volver loco', porque me las llevé a la casa, las estudiaba y al mes, más o menos, di con el resultado.

--¿Usted es ingeniero?

--No, soy técnico en electrónica médica, la estudié en La Habana.

--Sin embargo, escuché que sabe tanto o más que algunos de ellos...

--No, no crea eso, lo que tengo es mucha experiencia, y mire, a un buen técnico con años de experiencia solo le falta la matemática.

--¿Por qué dejó atrás la posibilidad de estudiar una ingeniería?

--Estudié Ingeniería Eléctrica hasta el segundo año, pero tuvimos la desgracia del dengue hemorrágico en 1981, y debíamos montar los equipos de tecnología japonesa en la sala de terapia intensiva del hospital infantil Eduardo Agramonte Piña, no se nos podían morir más niños y me dediqué a eso por entero, lo prioricé y volvería a hacerlo, con los exámenes finales por esa fecha, luego debía ir a mundiales y me dije 'hasta aquí'.

--A mí me han dicho algo, pero quiero saberlo de su boca, ¿dónde vive?

--En Senado, municipio de Minas, es donde me gusta vivir, llego y desconecto en mi casa, con mis matas...

--¿Cómo se las arregla?

--Viajo diario, me levanto a las cuatro y media de la madrugada, salgo y ya los guagüeros me conocen, en el período especial venía en lo que encontraba. Nunca llego tarde.

--¿Piensa jubilarse?

--No mientras la mente me responda, quiero llegar a los 50 años de trabajo, me faltan dos.

--¿Solo ha trabajado en Cuba?

--No, cumplí misión internacionalista en Zimbabwe y en Etiopía, y el año pasado, ya con 69 años, fui a un curso a Alemania por 15 días, a un entrenamiento de equipos de salas de rehabilitación y uno siempre aprende, y también para manipular los de láser.

--¿Qué les falta a ustedes, como trabajadores, para cumplir con los parámetros trazados por Fidel?

--Debemos cumplir muy bien con el mantenimiento de los equipos, como mínimo una vez al año; y como el trabajo es tanto no nos da tiempo, pero esa sería la cumbre de la electromedicina, y lo otro es que la mayoría de las veces no tenemos un equipo sustituto.

--Si hoy en lugar de a mí, tuviera a Fidel delante, ¿qué le diría?

--Le agradecería infinitamente lo que soy, el ser internacionalista de vocación y con humildad. También le comentaría que hizo bien en confiar en nosotros y digo nosotros porque me refiero a mis compañeros y que el futuro está garantizado; los jóvenes son un magnífico relevo, tienen talento, interés y muchos están “fajados” por saber siempre un poquito más; Fidel no se equivoca cuando confía en ellos.

 Así es como se encuentra a Castañal en el día a día. Foto: Otilio Rivero Delgado/Adelante Así es como se encuentra a Castañal en el día a día. Foto: Otilio Rivero Delgado/Adelante