CAYO CRUZ, CAMAGÜEY.- La sospecha de Ana Blanco Garcés no falló. El anuncio de que una visita del Comité Central del Partido Comunista de Cuba iría a Cayo Guajaba la hizo pensar en la inminente presencia de Fidel.

Raúl Cardoso, quien era el jefe del grupo de hombres que trabajaba en ese paraje, de hermosas playas, lo dudó.

“¡Míralo por la orilla!”, exclamó la mujer entre el sobresalto de emoción y lágrimas que corrían por sus mejillas.

“¡Es Fidel! Entró y saludó a todos los trabajadores. Empezó a conversar y a decir las cosas que más hacía falta en el cayo”, explicó la testimoniante.

Según ella, él prometió televisor, planta eléctrica y ventiladores para los cuartos de los trabajadores y todo llegó y un refuerzo de alimentos.

Ana entonces era la jefa de personal de la unidad de flora y fauna de esa zona cuando el Líder Histórico de la Revolución irrumpió en el lugar, ocasión en la que trazó la estrategia de desarrollo para el turismo de ese entorno.

“Él acababa de bañarse en la playa. Venía vestido de una bata larga. Nunca se me olvidará de que esa prenda esa color marrón, medias negras y un par de chancleta”.

Guajaba sigue siendo un área de conservación, atendida por el área protegida del Río Máximo de la Empresa de Flora y Fauna.

-¿Te impactó mucho Fidel?

“Creo que le impresiona a todo el mundo. Tiene una mirada penetrante”.

-¿Te sientes feliz de haberlo conocido?

“Orgullosa. Le deseo mucha salud y vida. Para mi es lo más preciado del mundo”. Aseguró.

La humilde mujer, con 30 años al servicio de flora y fauna, la encontré hace pocas semanas en Cayo Cruz, donde labora hoy, sitio donde tiene lugar un ambicioso proceso inversionista para hacer realidad los sueños de Fidel, proyectados durante los días 22 y 23 de septiembre de 1989.

Le hablé de Suncia y Manolo, las dos únicas personas que habitaban ese cayo durante la visita de Fidel.

“Manolo es mi primo”, señaló Ana, mientras recordé: increíblemente era el hombre que caminaba descalzo por encima de los afilados dientes de perro”

En aquel momento Fidel orientó realizar una experiencia de limpieza manual de la flora subacuática y que con ese trabajo se podía incorporar al turismo estas playas y las de Romano, con características similares a las de todo el programa de desarrollo.

Con esa visión muy suya, Fidel preconiza que las féminas de Guajaba podían ser las pioneras de la gran masa de mujeres que, en un futuro no lejano, podrán trabajar en el turismo, esa industria sin humo y segura fuente de ingresos económicos para el país.

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