Créeme, estaba, el Invicto cabalgaba entre la gente, porque hay hombres que no mueren, hombres imprescindibles, como dijo el cantor entre acordes. El dolor silencioso de diciembre último fue mitigado por la vida del eterno nacedor, el que no necesita más estandarte que una estrella en funda tricolor.

Al guerrillero se cantó y se honró con arte y con voz sincera, así hablaron los jóvenes que confian en la justeza del más puro, porque si no creyeran en ti, Fidel, "que cosa fueran". Así lo confirmaron los muchachos de la Eva, el Ballet Folklórico, el Contemporáneo, la Vicentina, Son entero, la Sinfónica, Intempore, Rumbatá... porque esta es también tierra de necios.

Fidel llenó la Plaza. Agramonte fue testigo. Por vergüenza y por amor se creció el Comandante. Como hace un año su vida convoca a la acción, en Cuba el cansancio está prohibido y El Camagüey nunca le fallará al rebelde. Creéme, estaba, su corazón latía en cada agradecido.