CAMAGÜEY.- Cuando el 18 de diciembre de 1966 se graduaban los primeros 425 técnicos del Plan de Enseñanza Tecnológica de Suelos, Fertilizantes y Ganadería en Cuba, nuestro Comandante en Jefe Fidel Castro apuntaba que probablemente serían pocos en esos momentos los que tuvieran idea de la importancia de aquel acontecimiento.

En aquel momento afirmaba: “Y la agricultura es la que alimenta al hombre; es la que no solamente alimenta, sino que viste y calza al hombre. Y para un país subdesarrollado, para un país pobre, la necesidad fundamental, la primera necesidad a satisfacer perentoriamente, es la necesidad de alimentarse, la necesidad de vestirse y la necesidad de calzarse”.

El Camagüey, en aquella época, conformado por la actual Ciego de Ávila y parte de la de Las Tunas, tenía una inmensa potencialidad agrícola, sobre la que señalaba Fidel que con una docena de agrupaciones básicas de producción (cada una de más de 10 000 caballerías de tierra), se contaba solamente con tres ingenieros agrónomos.

Destacaba entonces:“…en este país eran muy pocos los ingenieros agrónomos que se graduaban; y muchos de los que se graduaban, se graduaban para encontrar un empleo de inspectores en el Ministerio de Agricultura, o eran en muchas ocasiones los ‘hijos de sus papás’, y sus papás eran los dueños de los latifundios.

Y entre ellos, naturalmente, algunos con vocación…, pero insignificante minoría… Y además, graduados de la Quinta de los Molinos —en la capital—, graduados de la calle de Ayestarán y Reina, graduados en el pavimento, donde tal vez pueda aprenderse algo de jardinería, o arboricultura ornamental; ingenieros que en número insignificante se graduaban allí, y que en estas condiciones solo por excepción, solo por excepcional vocación, surgían de cuando en cuando, contados con los dedos de la mano, algunos buenos y verdaderos técnicos…”.En su análisis sobre la situación de la formación de ingenieros agrónomos hasta ese momento, Fidel refería que muy pocos, una vez graduados, se incorporaban a las agrupaciones agrícolas, como sucedía en la antigua provincia de Oriente, que entonces conformaban las actuales Santiago de Cuba, Guantánamo, Holguín, Granma y Las Tunas, con 14 agrupaciones básicas de producción agrícola, no existía un solo ingeniero de esta especialidad, mientras que en la estación experimental de Santiago de las Vegas trabajaban 42.

En aquella oportunidad que nos parece tan remota, y con esa visión futurista que lo caracterizaba, el Máximo Líder de la Revolución preveía la importancia de la etapa actual al señalar que el programa de formación de profesionales de la actividad agropecuaria no tenía metas, refiriendo desde entonces las proyecciones que sobrepasaban el año 2000, para el que lógicamente no contaba con el derrumbe del campo socialista, que sí pudo vaticinar luego en 1989.

Resulta entonces lógico encontrar las raíces de lo que luego sería la Universidad de Camagüey, la primera creada por la Revolución, en los conceptos de ese discurso de 1966, pues al año siguiente ya comenzaba en nuestra provincia a estudiarse la carrera de Ingeniería Agronómica en las instalaciones que ocupa actualmente el Instituto Politécnico Álvaro Barba.

Durante su fructífera vida, Fidel dedicó espacios en sus discursos y reflexiones al abordar el tema de la agricultura; además del antes citado, hizo exhortaciones indistintamente, y que en la actualidad tienen total vigencia, en las que llamó a la calidad, la eficiencia, e incluso a pensar en la agricultura con un criterio económico, sobre bases realistas, sin ilusiones, con la claridad de que esta juega un rol determinante en la producción de alimentos para la población.

La mayor parte de su pensamiento, expresado en discursos, intervenciones, comparecencias, intercambios, etc, se recopilan en Fidel Castro La agricultura en Cuba, selección temática entre 1959 y 1996, de la Editora Política, La Habana 1998, conformada por tres tomos: el primero dedicado a la Agronomía; el segundo a agropecuaria y ganadería, y el tercero a la política agraria, los que constituye una fuente inagotable de enseñanzas, fundamentalmente para continuar adelante con los programas de desarrollo agropecuario del país, y de la provincia de Camagüey.

De los disímiles ejemplos que podíamos citar al respecto, se escogen a continuación algunos en los que se puede resumir el quehacer incansable del Comandante en Jefe.

En el discurso por el acto conmemorativo del aniversario 26 del asalto al cuartel Moncada, celebrado en Ciego de Ávila en 1980, Fidel destacaba la labor desarrollada por especialistas y trabajadores del sector agropecuario en el enfrentamiento a ataques bacteriológicos yanquis contra el pueblo de Cuba, entre ellos a tres terribles plagas: el moho azul, que casi liquidó las plantaciones tabacaleras; la fiebre porcina, introducida por segunda vez en este país, y la roya de la caña, que afectó a las variedades de mayor rendimiento, entre ellas la Barbados 4362, las que tuvieron graves consecuencias en la economía nacional.

Posteriormente, a finales de ese mismo año, en el Informe Central al Segundo Congreso del Partido, presentado el 17 de diciembre se recoge: “La agricultura habrá de desarrollarse mediante una mejora sustancial de los rendimientos, el uso de semillas de calidad, la aplicación de una agrotecnia adecuada y el aumento de las áreas de riego; el mejoramiento de la base alimenticia y las condiciones de manejo y control sanitario del rebaño; el incremento del número de vacas en ordeño; el aumento del índice de natalidad y la reducción de la mortalidad de los terneros; el aumento de la masa ganadera del Estado y de los campesinos… Deberá continuar la repoblación forestal e incrementarse las medidas de protección de los bosques y la fauna”.

Fidel decidió sus últimos años a dejar, dentro de su inmensa obra, una estrategia para el fomento de pastos, forrajes y plantas proteicas. Transformó los alrededores de su casa en un laboratorio experimental, cuyas experiencias multiplicó como patrimonio del pueblo.

Y antes de mencionar el tercer ejemplo, no se puede dejar de referir, por su relación directa con ello, la entrevista personal de Fidel con un pequeño grupo de camagüeyanos en su casa, el 9 de enero del 2012, entre los que se encontraba el profesor Dr. C. Modesto Ponce Hernández, en ese tiempo director de la estación Experimental de Pastos y Forrajes, radicada en el municipio de Jimaguayú, publicada en Adelante Digital el 21 de noviembre pasado, en la que el profesor dijo:“Fidel se refirió a que si nosotros lográbamos producir alimento animal con alto nivel proteico, podríamos prescindir del pienso y alimentar a los animales del trópico con masa verde abundante, complementada con plantas proteicas (moringa, morera y Tithonia) que permiten que el animal tenga un nivel proteico adecuado para los distintos destinos: reproductoras, vacuna lechera o reproductora de carne”.

Dos años después, el 27 de agosto del 2014, Fidel, de su puño y letra, le escribe una carta a Jorge Luis Tapia Fonseca,miembro del Comite central del Partido Comunista  de Cuba y  primer secretario en la provincia, en la que dejaba explícito su último encargo a los camagüeyanos: “Me agrada mucho la idea de que la provincia de Camagüey vuelva a ser la provincia que más leche y carne produzca en el país, aun con mucho menos superficie que antes de ser una de las dos provincias creadas por la Revolución en el este del país…“De los 15 000 km. cuadrados que aún le quedan a la provincia de Ignacio Agramonte, saldrán las riquezas que convertirán a Camagüey en un modelo de la nueva Cuba en el desarrollo agrícola e industrial, que tanto el pueblo de Cuba como el de la provincia puede y debe alcanzar…”.Parte de esa respuesta ya fructifica.

Un centenar de consejos populares de Camagüey están encargados de materializar en sus respectivas demarcaciones rurales y semiurbanas la encomienda del Comandante en Jefe, en primer lugar, para resolver la comida en cada comunidad cercana a tierras fértiles, con posibilidades de riego, donde se integran el esfuerzo de sus habitantes y recursos de las entidades administrativas.

En el discurso que se refiere al inicio de este artículo, Fidel apuntaba:“Hay gentes que quisieran ya tener todas las bodegas repletas, que quisieran no tener libretas, que quisieran encontrar todo lo que desean. Pero a la vez quisieran trabajar cuatro horas en vez de ocho, y dos en vez de cuatro, y una en vez de dos, y ninguna en vez de una. ¿Y cómo se explica? ¿Cómo puede nadie aspirar a liberarse del trabajo? ¿Y por qué liberarse del trabajo, para qué liberarse del trabajo?”.

La vigencia de esta expresión solo tiene una respuesta expresada por el propio Comandante en Jefe y reiterada en más de una oportunidad en los últimos tiempos por Raúl: Trabajar, trabajar y trabajar.

 *Estudiante de Ingeniería Agronómica de la Universidad de Camagüey Ignacio Agramonte Loynaz