CAMAGÜEY.- Hará ahora un año de su partida y, sin embargo, los cubanos y muchos que no lo son se lo encuentran a cada paso, porque Fidel Castro es presencia continua e imperecedera entre nosotros, aquí y en otros lares, porque lo vemos y hablamos en múltiples lugares.

Inquisidor, todo lo quiere saber, de “la misa a la media”, como quería su mentor, José Martí, el Apóstol de nuestras guerras de independencia: ¿Cómo el herrero forja el hierro con su fragua y el martillo, cómo enseña el profesor y cómo aprende el alumno, cómo descubre el científico los secretos de la ciencia, cómo germina la semilla, qué peligros encierra el calentamiento global y cómo amenaza la voracidad belicista del capitalismo con arrasar la vida sobre la faz de la tierra?

Para el saber, Fidel fue siempre agotador, la sabiduría de su intelecto y la agudeza de sus ideas y pensamiento, los empleó de manera creadora con total desprendimiento, porque nunca quiso nada para sí y sí todo para los otros.

De Cuba, una antes del 1ro. de Enero de 1959 y la otra después de Fidel. Si hay una estrella hoy en el firmamento con ese nombre que brilla con luz propia, esa la puso la Revolución de Fidel y el pueblo cubano con su espíritu de lucha, con sus principios, con su firmeza, su capacidad de resistencia, y su inquebrantable fe en la victoria.

Fidel fue un estratega de la guerra de liberación contra la dictadura batistiana, y es un estratega de la formación y desarrollo de nuestro país, ganándole todas las batallas al imperialismo norteamericano, la de la invasión de Girón en 1961, la de su criminal bloqueo y la de la enfermiza hostilidad de sus gobiernos de turno.

Los que pudieran pensar que su partida de hace un año lo confinó al recinto donde se guardan sus cenizas en la heroica provincia de Santiago de Cuba, no lo conocieron ni lo conocen. Para él no hay reposo. Como el Quijote, cabalga en otro Rocinante, deshaciendo entuertos y derrotando los molinos del mal.

A su paso crece la esperanza de los oprimidos, de los explotados, de los marginados y les llega el aliento de luchar, luchar y luchar por su derecho a una vida mejor, que es posible, frente a todas las adversidades, con dignidad, soberanía e independencia.

Si hoy miles de hombres y mujeres de todo el universo lo reverencian y reconocen es porque en cada tribuna y foro que habló fue para darle voz a los que nunca la han tenido, y para decir las verdades que muchos hubieran querido expresar y no lo hicieron por ataduras ancestrales o por temor a las represalias del poderoso imperio del Norte.

Su pensamiento es y será el mejor interlocutor de los que no tienen nada y la espada redentora que podrán enarbolar por las conquistas de que han sido privados a los largo de siglos por las potencias colonialistas, neocolonialistas e imperialistas.

Frente al circunstancial avance derechista en la región latinoamericana y caribeña, la historia de la forja soberana e independentista de nuestros pueblos se encargará de revertirla, como lo logró y logra hacerlo Cuba, porque a todos nos sobra patriotismo y dignidad y porque contamos con un Fidel que no nos abandonará nunca a nuestra suerte.