“(…) La libertad no es todo. La libertad es la primera parte, la libertad para empezar a tener derecho a luchar”.

Fidel Castro, 4 de enero de 1959, Camagüey

CAMAGÜEY.- El 59 simboliza el triunfo de la Revolución Cubana y, por pura coincidencia o tal vez por los enigmas asociados a su Líder Histórico, el 59 es también un número que une a Fidel Castro con Camagüey.

Esa cantidad de días estuvo en Cayo Confites, al norte de la provincia, cuando se aventuró en una expedición que pretendía liberar de un dictador a la República Dominicana. En la hostilidad de mosquitos y salitre cumplió sus 21 años de edad.

También reaparece el 59 si se descuenta el almuerzo en la fonda Los Venaditos, el 25 de julio de 1953, en su ruta a Santiago para asaltar el Cuartel Moncada; así como un día de los dos que llevó el recorrido por Sierra de Cubitas después de un ciclón, y el de la cayería norte con su mirada puesta en la perspectiva de desarrollo.

Todas esas cuentas se deducen en la lectura a Fidel en Camagüey (Editora Política, 2014), un libro escrito como un paseo con la agenda del Comandante en Jefe, desde las coordenadas de la prensa impresa, en especial del periódico Adelante.

En cerca de 200 páginas, Cándida Pedrosa Marichal y Rolando García Parés reafirman su declaración de amor, como matrimonio de complicidades en la pasión y oficio por la Historia y su respeto a un protagonista cabal.

Lo que andaba disperso en noticias, discursos y referencias de artículos se hilvana en este volumen, tejido con esmero desde el preámbulo luminoso de los hechos del ‘47 y el ‘53, a las tres partes (1959-1970, 1971-1980 y 1981-1989).

Mucho se ha publicado de Fidel, pero nunca desde la vida de una provincia, a partir del acompañamiento del Comandante y su intencionalidad a lo neurálgico en las esferas productivas, sociales, culturales, en fin, de crecimiento humano.

Desde la alborada de la libertad resurge el 59, por las fechas referidas, con septiembre, julio y diciembre con el mayor número de efemérides, aunque todos los meses tienen sucesos ineludibles para los cubanos, con excepción de agosto, que solo se reserva con la odisea de Confites.

El libro de Cándida y Rolando es la energía que compele a nuevos proyectos con las historias de quienes aún viven para contarlo, de quienes alzan los brazos al Fidel del corazón con la emoción del cuatro de enero del ‘59, cuando entró victorioso en caravana, los que forjan el corazón de otros tantos números simbólicos de Cuba, los que aun tiene la libertad para seguir luchando por la Patria.