Modesto Ponce, profesor de la Universidad Ignacio Agramonte de Camagüey. Foto: Dianelis González Palmero Modesto Ponce, profesor de la Universidad Ignacio Agramonte de Camagüey. Foto: Dianelis González PalmeroCAMAGÜEY.- Modesto Ponce Hernández no pensó tener la oportunidad de estar junto a Fidel cinco horas y cuarto, el 9 de enero del 2012, en una conversación íntima en su hogar. El tema central fue la producción de alimentos y, por consiguiente, para el ser humano.

Un día, sin pensarlo, el por entonces director de la Estación Experimental de Pastos y Forrajes, con asentamiento en el municipio de Jimaguayú, recibió una llamada del  joven dirigente del Partido Comunista de Cuba, Julio César García Rodríguez, otrora máxima autoridad política en la provincia.

“¿Qué vas a hacer el fin de semana?”, preguntó, y el interlocutor respondió: “Tengo un viaje personal fuera de Camagüey, pero buscaré cambiarlo”.

Todo sucedió con prontitud. El sábado, Ponce y otros cuatro compañeros se vieron las caras en la sede del Comité Provincial del Partido. El Primer Secretario les dio la grata noticia: “El Comandante en Jefe nos va a recibir”.

El domingo temprano estaban en La Habana. Fueron para el Instituto Carlos J. Finlay, organización dedicada a la investigación y producción científica de vacunas humanas, dirigido por la Doctora Concepción Campa Huergo.

Allí aguardaba la sobresaliente y modesta científica, a quien Fidel dio la misión de desarrollar la moringa y la morera para la alimentación animal y el gusano de seda. Previo al encuentro con Fidel, los invitados especiales recorrieron las áreas de fomento de diferentes especies de plantas proteicas con diversos tipos de densidades de siembra.

Testigos excepcionales del encuentro con Fidel fueron Randy Alonso y Arleen Rodríguez Derivet, bien conocidos de los cubanos por la permanente presencia en la Mesa Redonda. Ambos se desempeñan como director y coordinadora general, respectivamente, del espacio televisivo.

“A mí me llamó mucho la atención la manera tan modesta, tan sencilla en que vivía Fidel. No había nada lujoso. Cuadro y dibujo de Kcho en la pared. Su  grandeza  es su sencillez. Nosotros, a los diez minutos de estar allí nos parecía que hacía veinte años que hablábamos con él. Te daba confianza para conversar, y con su mirada penetrante parecía registrar lo que estabas pensando.

“Me impresionó ver la lucidez que tenía. Nos hizo varias preguntas, incluso, sugirió realizar operaciones matemáticas; mientras nosotros sacábamos la cuenta en calculadora, él tenía la respuesta.

“A Dalia (la esposa) le dijo: ‘tráeme una pesita, muy sencilla’. La tomó y dijo: ‘vamos a pesar un gramo de una variedad de morera’, y con los dedos lo sacó. ¿Tu sabes cuánto pesaba? Un gramo, cero, cero, veintitrés, hasta las milésimas. ¡Qué clase de precisión tenía!

“Fidel se refirió a que si nosotros lográbamos producir alimento animal con alto nivel proteico, podríamos prescindir del pienso y alimentar a los animales del trópico con masa verde abundante, complementada con plantas proteicas (moringa, morera y Tithonia) que permiten que el animal tenga un nivel proteico adecuado para los distintos destinos: reproductoras, vacuna lechera o reproductora de carne”, expresó Ponce Hernández.

—Específicamente en el área que tú dirigías, ¿de qué te habló?

--De todo, de lo que habíamos visto para la alimentación, de lo que allí estaban haciendo y de las experiencias logradas, que nosotros debíamos reproducir en Camagüey. Conversamos de la alimentación animal, de los niveles proteicos que requiere una vaca lechera para la reproducción, para la producción leche; es ciencia constituida. De que la fuente proteica encarece mucho en la alimentación animal.

“Estas plantas, explicó, tienen alto nivel proteico. La moringa del 25 %, la morera, el 20 % y la tithonia igualmente, y razonó la necesidad de reducir la tendencia del consumo de las proteínas tradicionales y en particular en Camagüey, una provincia esencialmente ganadera.

“A su alrededor tenía Fidel varios libros relacionados con este asunto, consultados por él sistemáticamente. La gente piensa que estaba preocupado por la alimentación animal. Tengo documentos de 1961 y 1963 que prueban que su preocupación venía desde entonces.

“No era la alimentación animal por alimentar a los animales; el fin es alimentar al humano con leche y carne. Tenía preocupación también porque estas plantas muestran condiciones formidables para la alimentación humana.

“En el hospital Las Praderas se hicieron estudios con estas plantas proteicas , mientras su efecto activo se empleó como complemento curativo de los enfermos, cuidando las condiciones higiénico-sanitarias en la manipulación de este elemento vegetal y su inocuidad.

“Fidel le propuso al ya fallecido Orlando Lugo Fontes, presidente de la ANAP, que contara la anécdota de un campesino tractorista que abusaba mucho del Intal para el asma, y cómo por tomar moringa el otro medicamento desapareció”.

—Cuando regresaste de la conversación, ¿cómo te la arreglaste para hacer efectivas las ideas de Fidel?

—Ya nosotros veníamos trabajando en un programa, apoyado por el propio Comandante, para la siembra de árboles proteicos para la alimentación animal, de hacer con semillas de moringa y de morera una prospección.

“¡La ANAP en Camagüey trabajaba en crear la masa semillera para apoyar este proyecto de siembra de moringa y de morera en el territorio. Llegamos a tener hasta 700 hectáreas de moringa. En aquel entonces no logramos todo el impacto que queríamos”.

Ponce, actualmente profesor del Departamento de Agronomía de la Facultad de Ciencias Agropecuarias de la cincuentenaria Universidad Ignacio Agramonte Loynaz, de Camagüey, reconoció el apoyo de la máxima dirección del Partido en la provincia por fomentar el uso de las plantas que, como resultado, se refleja en la producción de leche, de carne, y en el resto de los animales.

“La estación de pastos y forrajes es una parte importante en el desarrollo de este programa, porque certifica la siembra y las semillas. Pasa a ser protagonista, de conjunto con la Agricultura y las empresas que llevan a cabo eso”, argumentó.

—¿Todavía a estas alturas, después de cinco años, tienes presente el encuentro con Fidel?

—Lo tendré toda mi vida. Fue muy impactante conocer tan de cerca al Comandante, ver su brillantez, lucidez, cómo se proyectaba hacia el futuro de una manera tan grande. No es que me sorprendiera. Fidel era como una familia nuestra y de todos los cubanos. Tan sencillo y humano, allí está precisamente su grandeza. Fue lo que más irradió en los que estábamos allí.

Modesto, con 67 años de edad, solo le contó a su familia sobre el encuentro, lo mantuvo, por humildad, sin mencionar más allá del ámbito hogareño, hasta un día en que Julio César García reveló que había sido uno de los acompañantes a aquella reunión.

“Con Fidel se dialoga de todo. Es un conversador nato. Lo digo en presente. De Fidel no se puede hablar en pasado?".

—¿Cómo recibiste la noticia de su muerte?

—Fue un impacto muy grande. Me llamó en la madrugada un compañero y prácticamente, desde ese momento, no dormí más. Contacté a los compañeros que me acompañaban en el consejo de dirección y acordamos que teníamos que cumplir todo lo proyectado por él.

“Yo estaba en la Carretera Central cuando pasó la urna hacia Santiago de Cuba. No podía mirarla, me parecía que un hombre tan grande no podía estar en una cajita. Me dolió mucho. Cuando me pongo a pensar en esto, me entristezco.

“De Fidel no se puede hablar con tristeza, sino con alegría, con optimismo, con fe en el futuro”, aseguró al tiempo que de sus ojos brotaban lágrimas que cubrían sus mejillas.

Para Ponce Fidel está vivo. “Lo tengo en el corazón. Fidel es Fidel y va a seguir siendo Fidel por su pensamiento, por lo que nos transmitió a mí y a todos los cubanos”.

Al marcharse del lugar se dio cuenta de que no se despidió de Dalia, la esposa de Fidel.

“Para mí ella, durante el tiempo que estuvimos allí fue como un hada, un angelito revoleteando entre todos nosotros, ayudándolo a buscar los pomitos, folletos, pesas pequeñas para calibrar las semillas. Estaba pendiente de todo lo que quería Fidel sobre la conversación con nosotros”.

Lo único que seguramente lamentarán Modesto Ponce y todos los acompañantes: Antonio Delgado Sánchez, en aquella época presidente de la ANAP en Camagüey; Antonio Valido, quien fuera director  de la empresa genética Rescate de Sanguily; el campesino Andrés Pérez, de la finca El Renacer, y Guillermo Rodríguez Yópiz, subdelegado de la Agricultura en Camagüey, de lo que no quedó constancia gráfica.

 PDF : página1, página2, página3, página 4