CAMAGÜEY.- En medio del más infinito dolor de nación no había tiempo para el descanso. Fidel nos ponía una vez más a prueba, de la alegría inmensa por sus 90 pasamos al más profundo sentimiento de orfandad ante su ausencia.

Los periodistas escribieron los titulares que nunca quisieron en sus cuartillas, las crónicas, ni las lágrimas, nunca antes brotaron con tanta facilidad.

Nuestros fotógrafos no tuvieron descanso, ni lo pidieron, el cuerpo exigía estar, allí donde estaba la foto del siglo, el pueblo y el amor en su más llano significado.

Los guajiros no escondieron los mares que les surcaban los ojos, los niños tatuaban en su piel los grados que más luz habían derramado sobre ellos, los militares apretaban el paso para apretar así también la pena.

En la memoria podemos guardar alguno de esos momentos; pero aquí están, una vez más Leo, Durán, Otilio, esta vez junto a Rodo, Félix, Lisyen y Atiénzar para regalarnos sus recuerdos, las más hermosas crónicas de fidelidad.

Veinticinco instantes de gratitud y compromiso jurados a lo largo y ancho de El Camagüey de Fidel. Veinticinco de muchos, de cientos que en esos días aciagos se exparcieron por esta llanura; veinticinco de muchos, porque casi un año después, ellos siguen capturando imágenes, nos siguen regalando las crónicas de la continuidad, de la sobrevivida.

 Fotos: Leandro Pérez ,Otilio Rivero ,Orlando Durán, Lisyén Halles, Enrique Atiénzar, Félix Anazco,  Rodolfo Blanco 

 

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