CAMAGÜEY.- En la lejana geografía de Qatar, estado árabe del Golfo Pérsico emplazado en el suroeste de Asia, en la pequeña península del mismo nombre, en la costa noreste arábiga, pudimos contactar vía Internet con el colaborador cubano, Dr. Francisco Varona Rodríguez, quien nos relató sus recuerdos del inolvidable intercambio con Fidel, acaecido a principios del 2004 en La Habana, pasaje inédito hasta hoy.

En aquel momento se desempeñaba como director del hospital pediátrico Eduardo Agramonte Piña, de Camagüey, cuando recibió una citación para participar en una reunión urgente en la capital, con todos sus homólogos del país y en compañía de los jefes de los servicios de terapia intensiva pediátricas con dos temas claves: 1) Analizar cómo podía continuar descendiendo la mortalidad infantil del país y 2) Dar a conocer el inicio de las obras de la Batalla de Ideas en Salud, con la reparación capital de un grupo importante de instituciones hospitalarias a lo largo y ancho del país.

Foto: Cortesía del entrevistadoFoto: Cortesía del entrevistadoPara Frank era prácticamente la primera reunión importante como recién estrenado dirigente de Salud con la máxima dirección del país. Entre las personalidades que allí se encontraban estaba la Dra. Elia Rosa Lemus, que en aquel entonces atendía Salud por el Consejo de Estado, el Ministro de Salud Pública Dr. Damodar Peña Pentón, entre otros.

Fueron dos días intensos de profundos análisis en un salón adjunto del Palacio de las Convenciones… “Yo me sentía un poco fuera de lugar entre todas aquellas personalidades y cuadros del sector con larga y fecunda experiencia directiva. Habíamos comenzado a trabajar temprano en la mañana y ya daban las once o doce de la noche. Estábamos extenuados y de pronto llegó Fidel.

“Vestía, como siempre, su uniforme verde olivo de guerrillero incansable. De inmediato se puso al tanto de los pormenores de lo que se había discutido, comenzó a realizar todo tipo de preguntas, a interesarse por lo que hacía falta, explicó todo lo que se concebía para la Batalla de Ideas en el sector de la Salud, las perspectivas de la colaboración médica internacional, las necesidades de modernizar nuestras instituciones, por lo que se iba a comenzar con la reparación de 52 hospitales en el país para convertirlos en hospitales de excelencia.

“Nos hizo soñar, nos llevó de la mano hacia el futuro, nos lo enseñó y nos trajo entonces de vuelta para indicarnos cómo construir el camino hacia lo soñado. De pronto preguntó: ‘¿Hay algún problema para lograr disminuir la mortalidad? ¿Podemos hacerlo?’.

“Casi todos levantaron la mano y afirmaron que si… Yo me revolví en mi asiento. Pensaba en mi hospital, de casi un siglo de construido, en muy malas condiciones estructurales, sin agua, con una cisterna insuficiente y contaminada, con varias salas cerradas y casi destruidas. Pensaba en mis compañeros, que hacían diarias proezas para salvar vidas en aquellas condiciones, pensaba en los niños del Camagüey, y despacio, pero decidido, levanté la mano”.

Frank, como todos conocen al hoy Especialista de Segundo grado en Pediatría y Terapia Intensiva, Máster en Atención Integral al Niño y Profesor Auxiliar de la Universidad de Ciencias Médicas Carlos J. Finlay, continúa trayendo al presente los momentos de aquella reunión.

“Fue Elia Rosa la que me dio la palabra… de pronto se produjo un silencio sepulcral en aquel salón. Siento aún todas las miradas asombradas puestas sobre mí. Recuerdo la mirada penetrante, pero serena e interesada del Comandante posarse sobre mí. Se acomodó entonces en el sillón de la presidencia dispuesto a escucharme.

“Yo no puedo comprometerme a cumplir con eso, comandante.

“Me pareció escuchar cómo el sillón donde estaba sentado chirriaba imperceptiblemente cuando Fidel se incorporó hacia delante para prestarme toda su atención, mientras Elia Rosa le decía algo al oído.

“Entonces le expliqué de un tirón la situación constructiva caótica en la que se encontraba el Hospital Pediátrico de Camagüey, las salas cerradas que teníamos en aquel entonces, la mermada disponibilidad de camas que esto provocaba, la ausencia de redes ingenieras viables en el centro, la contaminación de la cisterna de abasto de agua… todo.

“... y por todo eso, Comandante, yo no puedo sumarme al resto de los aquí presentes y comprometerme con usted a obtener una tasa de mortalidad infantil como la que nos está pidiendo. En las condiciones en que se encuentra mi hospital yo no lo podré lograr. No sé qué parámetros midieron para tomar la decisión de los hospitales que van a ser reparados, ni cuestiono esa decisión; pero sí sé que nadie ha ido al Pediátrico de Camagüey para conocer en qué condiciones está, y como yo no vine aquí a mentirle a usted, ni a mi país, tengo que decirle con total franqueza que así yo no puedo cumplir con lo que usted nos está pidiendo”.

Cuenta nuestro entrevistado que un murmullo sordo, bajo y generalizado se dejó escuchar en todo el salón. Los presentes comentaban a baja voz entre ellos y lo miraban intermitentemente a él y a la presidencia.

“Tuve la impresión como de que una sentencia unánime de locura irremediable se me diagnosticaba. Fidel, sin quitarme sus ojos de encima, se encimó a Damodar, ministro de Salud, y habló en voz baja con él. Elia Rosa se incorporó a la conversación. Fidel hizo un gesto con la mano y un uniformado se le acercó. Le dio indicaciones y el hombre se alejó veloz. Todo esto duró apenas unos pocos minutos, que a mí se me antojaron horas mientras permanecía aún de pie en medio de todas aquellas miradas.

“Entonces volvió a mirarme, suavizó su mirada, sonrió y jaraneoó”.

“Pero todavía estas de pie?. Siéntate, siéntate, que ya debes estar bastante cansado con el día que han tenido. Llevan muchas horas trabajando y yo he venido a interrumpirlos. Mañana trataré de hacer un hueco en mi agenda para pasar por aquí. Si no me es posible, me informaré de las decisiones que ustedes tomen. Me comprometo a revisar todo lo que nos has dicho aquí. No te preocupes que alguna solución buscaremos”.

Fidel se despidió de todos y se marchó. Eran casi la una de la madrugada cuando todo terminó.

Esa noche casi no pudo conciliar el sueño, nos cuenta Frank. Llamó a la dirección de Salud de Camagüey y le informó al director provincial de lo sucedido y de lo que había dicho. Se dio un baño de agua fría y cansado se tiró en la cama.

“Al otro día, temprano, cuando empezó nuevamente la reunión me sorprendió la voz de Elia Rosa:

“El director del pediátrico de Camagüey donde está? Aquí —le indiqué desde el asiento que ocupaba en el plenario”.

Un silencio sepulcral cayó de improviso en toda la sala.

“El Comandante en Jefe no va a poder estar hoy aquí con nosotros. Otras tareas importantes le ocupan su tiempo, pero me pidió comunicarle que se envió de forma urgente en la madrugada un grupo de trabajo a Camagüey que pudo comprobar que todo lo dicho por usted y mucho más, sucede en su hospital. Por ello, me ha encargado transmitirle su decisión de incluirlo como el número 53 en las Obras de la Batalla de Ideas en el país y felicitarlo en su nombre…. Director, el Pediátrico de Camagüey va a ser reparado”.

“Sencillamente, así era Fidel. Y cumplió como siempre. Hoy, el Hospital Pediátrico de Camagüey Dr. Eduardo Agramonte Piña, está totalmente reparado y continua salvando vidas infantiles en la tierra de El Mayor”.

Frank tenía entonces 35 años, hoy tiene 48 y esta es su tercera misión internacionalista. En estos momentos labora como Consultante de Pediatría en el Hospital de Dukhan, Al Jumaliyah, perteneciente a la Hamad Medical Corporation de Qatar. Una institución de Salud de alta tecnología y confort, ubicada a 70 kilómetros de Doha, que cuenta con la acreditación de la Joint Commission International (JCI) por el logro de elevados estándares de calidad en los servicios que se prestan y que le ha valido que sea conocido ya en el mundo como The Cuban Hospital (el hospital cubano).

Apenas lleva tres meses allá y explicó que la muerte de Fidel lo sorprendió en Cuba.

“Si... regresaba casualmente de haber aprobado la entrevista de trabajo para venir a Qatar. Veníamos en la guagua por carretera y al llegar a Camagüey con la alegría de haber sido escogidos, recibimos la noticia del fallecimiento de Fidel... quedé impactado”.

Foto: Cortesía del entrevistadoFoto: Cortesía del entrevistado

Estaba de guardia en el Pediátrico el día que sus cenizas pasaron por Camagüey. No pudo estar allí, en las calles, junto a todos para decirle adiós, pero entonces escribió, intercalando imágenes de canciones de Silvio y Pablo, esta crónica que tituló:

CRÓNICA A UN ETERNO GUERRILLERO

Siempre que se hace una historia se habla de un viejo, de un niño o de sí, pero mi historia es difícil: no voy a hablarles de un hombre común. Haré la historia de un ser de otro mundo, de un animal de galaxia. Es una historia que tiene que ver con el curso de la Vía Láctea…

Así lo vieron llegar los astros… entró desde el poniente cabalgando al frente de una caravana de historia. Llegó con la noche, al final de la edad de las luces, pero con brillo propio que iluminaba como un sol. Se adentró en el corazón de la sabana pasando revista a la épica caballería del Camagüey legendario que presentó frente a él sus armas en señal de respeto, para después lanzarse juntos, con las notas sagradas de un "A degüello" entonado por las palmas que se inclinaron a su paso, cargando al machete como un huracán de esperanza y futuro.

A la entrada de la centenaria ciudad, su sola presencia hizo silbar al viento, y las nubes emocionadas lloraron ante el héroe inmortal empapando a todo un pueblo que revivió en su espera y se levantó unánime para recibirlo por siempre. Es Fidel que vuelve a la Sierra para seguir luchando de planeta en planeta, buscando la vida, burlando a la muerte; contento y desnudo, siempre y por siempre matando canallas con su cañón de futuro…Yo no sé lo que es el destino, caminando fui lo que fui. Allá Dios, que será divino: yo me muero como viví.

Con sus grados verde olivo de pueblo y comandante, entró caminando a la ciudad. Los más viejos que, desde el sol abrasador del mediodía, llevaban en su pecho las medallas, dejaban al lado entonces sus muletas, para levantarse emocionados a su paso y decirle el primero de los eternos hasta siempre. Las abuelas lloraron a su paso, empapadas en lágrimas que se fundieron con la lluvia, agitaron banderas y rezaron sus plegarias, rogando por tu alma eterna y guerrillera, que se queda entre nosotros insurrecta. Niños con su foto desde el pecho y su nombre escrito con sueños en la frente, le tiraron besos y gritaron Fidel.

Los más jóvenes corrieron nuevamente a la utopía, buscando un rinconcito en tus altares, para seguir jugando a lo perdido, dispuestos a no dejar pasar de moda la locura…Desde los tiempos más remotos vuelan los ángeles guardianes siempre celosos de sus votos contra atropellos y desmanes. Junto a las cunas infantiles, junto a los tristes moribundos, cuentan que velan los gentiles seres con alas de otro mundo. Pasó conversando con Guevara, que se le unió por Santa Clara… venían sonriendo desde el ocaso, bajo el infinito brazo del Apóstol.

Como escoltas, José Antonio, Faustino y muchos más… seres alados de estos tiempos, seres eternos de la Patria. Así por fin llegó a la Plaza, seguido de un mar de pueblo emocionado. Tronó el himno viril, el de Bayamo… y se fundió con Agramonte en largo abrazo; que esa noche desmontó de su caballo y le cedió con humildad su irredenta espada… y su vergüenza. Toda la fresca madrugada conversaron sentados en el césped; entrelazados con la vigilia que mantuvo encendido su silencio.

La ciudad no durmió cuidando sus cenizas, las estrellas cobijaron sus recuerdos… Iluminó con su verbo a los miles que toda la noche le sirvieron como oyentes, charló con los agradecidos que le acompañaron desde siempre, contó anécdotas, cantó a los sueños y así los sorprendió de repente la mañana; con un millar de encomiendas de futuro, con un millón de tareas ya cumplidas… tratando de hacernos aún un tilín mejores, enseñándonos de nuevo a ser cada vez menos egoístas…

Necesitas una fuga hacia un mundo verdadero, de locura y cuando vengan por ti no solo ha de deslumbrarte la hermosura. Otras lágrimas te esperan cual angustias pasajeras en tu caminoy otras musas más ligeras pintarán y tocarán otro destinosal a buscarlas candil de nieve.Y partió nuevamente entre su pueblo con la vista fija en el Oriente, buscando la cima del Turquino en sus recuerdos. Se le vio pasar acompañado de ovaciones, saludando al pueblo entre cristales.

Camagüey lo acompañó de punta a punta durante cientos de kilómetros que parecieron metros. Tantas cosas quedaron sin decirte, tantas tonadas quedaron sin cantarte… Tras él, Cuba entera; por tierra, por aire, por mar. Nuevamente Fidel asombra… el mundo atónito, ni respira. Nadie cree que te hayas ido, todos creen que eres eterno. Y sí, lo eres: Fidel nuestro y de todos. Quizá hayas desaparecido físicamente este noviembre luctuoso, pero has entrado definitivamente en el alma de todos los que queremos seguir soñando travesuras.

Ahora Fidel soy yo, eres tú, es él, ellas, aquellos, nosotros… Que sigan soñando los ilusos que la Revolución un día se vendrá abajo, que nos arrastrarán por sobre rocas, que machacarán mis manos y mi boca, que me arrancarán los ojos y el badajo… que lo intenten: Y se encontrarán los del machete aguerrido con el último héroe que hasta hoy se ha perdido.

Todos gritarán: "será mejor hundirnos en el mar que antes traicionar la gloria que se ha vivido".