CAMAGÜEY.- Ainhoa Carales Santana tiene tres años y juguetes nuevos. Adelante la encontró en el portal de su casa con dos medallas enormes en el pecho y dos peluches de Baqui, la mascota de los recién finalizados Juegos Centroamericanos y del Caribe Barranquilla 2018. Son obsequios de cumpleaños de sus padres.

“Todo nuestro sacrificio es por ella. Yo hubiese querido regalarle una presea de oro, pero bueno, su mamá se la trajo”, nos cuenta Giraldo Carales (G), subcampeón en polo acuático, mientras la pequeña corretea por la sala.

Lisbeth Santana (L), miembro de la selección femenina de esa misma disciplina, que alcanzó el título en la ciudad colombiana, trata de explicar su alegría: “Ella pasó dos meses sin vernos porque ambos tuvimos bases de entrenamiento en el exterior y luego la competencia. Para los tres fue muy difícil, la llamábamos todos los días y le explicábamos que íbamos a competir para traerle las medallas”.

Intento entrar en confianza con Ainhoa para preguntarle sobre sus padres, pero se escapa sin decir palabra. Entonces indago sobre las carreras de los polistas.

G: “Comencé bien pequeño en natación. Era bueno, aún compito en las copas Marcelo Salado y saco alguna medalla, pero me incliné hacia el polo porque quería ser como mi hermano mayor, que ya lo practicaba. Además, la natación me resultaba más monótona. Pertenezco a una generación dorada del polo acuático, fuimos campeones nacionales en casi todas las categorías”.

L: “La natación también era mi deporte, y por mucho que trataron de convencerme para que me hiciera polista, decía que no. Fui a varios eventos como escolar, pero no obtuve buenos resultados. En noveno grado debía decidir entre continuar en el deporte o ir a otro tipo de enseñanza y cedí ante los profesores que querían que ingresara en polo por mi estatura. Poco a poco me enamoré”.

Hoy los dos son piezas fundamentales en las selecciones nacionales cubanas.

G: “Con 17 años me llamaron a la preselección de mayores y desde entonces soy fijo en la lista. En este tiempo nuestros principales logros han sido el bronce centrocaribeño en Veracruz 2014, el cuarto lugar en los Panamericanos de Guadalajara 2011 y el séptimo en Toronto 2015. Las deserciones y la falta de roce internacional han influido mucho en que no tengamos más éxitos”.

Foto: Abel Rojas Barallobre/juventudrebelde.cuFoto: Abel Rojas Barallobre/juventudrebelde.cuJuntos recuerdan con añoranza los tiempos en que Camagüey dominaba en las piscinas cubanas y aportaba decenas de atletas al alto rendimiento. Les duele que el equipo Cuba pierda oportunidades y torneos.

L: “Además del deterioro de las instalaciones ha mermado el interés por desarrollar nuestra disciplina. En Camagüey se han tomado malas decisiones, como la de cerrar la escuelita de deportes acuáticos y utilizarla para otros. Eso desmotivó a muchos entrenadores y acabó con el sistema de captación temprana que existía en la provincia y que era de los mejores de Cuba. Tenemos que resolver esos problemas para llegar a planos estelares. Nosotras hemos viajado por Europa y nos percatamos que tenemos calidad para jugar en las mejores ligas del mundo”.

G: “La situación de las piscinas en todo el país es lamentable, todos los años se pierde alguna. Confío en los cambios que se  hacen para potenciar nuestra disciplina, aunque todavía hay que trabajar mucho para reconstruir los centros de aprendizaje y lograr la contratación de las principales figuras al más alto nivel. Como parte de la preparación para Barranquilla estuvimos en Croacia, la meca del polo acuático, y los jugadores y los técnicos hablaron muy bien de nosotros”.

Para ambos, la lid de los Juegos Centroamericanos y del Caribe marcó la madurez como atletas.

L: “Caer el primer día ante Puerto Rico nos sacó de paso porque nos creíamos muy superiores. Habíamos tenido una gran preparación, estábamos forma física y psicológicamente, por eso nos chocó mucho perder. Luego nos calmamos y rectificamos nuestra estrategia para ser más efectivas en el estilo de juego y las particularidades del arbitraje en el área; vinieron los resultados satisfactorios. Yo tuve que dejar mis responsabilidades como poste para defender y darles juego a las atacadoras en ofensiva. Así construimos el partido de la final y pudimos llevarnos el oro”.

Foto: Abel Rojas Barallobre/juventudrebelde.cuFoto: Abel Rojas Barallobre/juventudrebelde.cu

G: “Todavía no me recupero, me paso el día pensando en el juego que perdimos en la final. Habíamos llegado a la competencia en excelentes condiciones después de la gira por Croacia, pero cuando sufrimos 20 expulsiones en el primer partido nos dimos cuenta de que teníamos un problema. El arbitraje en las mejores ligas europeas es diferente al de Centroamérica, porque permiten más el contacto. Llegamos habituados al juego duro y los oficiales nos amonestaban al menor roce. No obstante, ajustamos y mantuvimos la racha ganadora hasta el último día. Ya habíamos visto que los equipos colombianos estaban sacando resultados increíbles en otros deportes colectivos y nos preparamos para contrarrestar el apoyo del público y los favores arbitrales, pero no alcanzó. Comenzamos perdiendo y nunca pudimos remontar, defendimos muy mal, no estuvimos precisos en ataque”.

Aún Giraldo se nota muy desilusionado: “Yo quería traerle la de oro”, dice y mira a su tesorito. Y lo hizo todo, marcó siete goles de los diez de su equipo en la final.

Ajena a sus cavilaciones, Ainhoa disfruta ambas preseas por igual, las mira maravillada y las muerde con la pose de moda entre los campeones. Ellos la disfrutan con la vista: ahí está el fruto de todos sus esfuerzos.

G: “Comenzamos nuestra relación en el 2011, durante los Panamericanos. Hasta entonces solo nos conocíamos, porque el equipo femenino tenía su centro de preparación en Villa Clara y nosotros en La Habana; fue por esa fecha que las trasladaron a la capital”.

L: “Siempre nos llevamos bien y quisimos formar una familia, aunque Ainhoa llegó de sorpresa. Me enteré que la llevaba dentro a los dos meses. Ella es medallista de bronce en Veracruz 2014, porque jugué embarazada sin saberlo. Quizás por eso le gusta tanto la piscina”.

Como si supiera que con sus padres se acaba el diálogo, la semilla de este compromiso se acerca y dice: “permiso”. Está lista para conversar:

—¿Dónde estaban mamá y papá? —le pregunto.

—En “Banquilla” y me trajeron  las “melallas” y los Baqui.

—¿Tú los quieres mucho?

Para que no haya dudas lo exclama: “¡Muuuuucho!”.

—¿Por qué?

Gira hacia sus padres, les “lanza un poema” con la mirada, y encoge los hombros, porque todavía no ha aprendido palabras para explicar el amor.