Camagüey.- Pablo Andrés Muñoz Fernández tiene alta jerarquía popular. En el Guáimaro de sus amores es un creativo de raíz. No se le ha tomado muy en serio, pero él insiste en cuanto evento llega. Por suerte persiste la lucidez, por mínimos que sean los casos, y para su sorpresa, aunque no hay complejos en él, fue invitado a participar con Diseño en treS, como una de las muestras centrales de la primera Bienal de Diseño en Camagüey. En galería duró poco más de una semana, pero lució en pedestal sus obras vitales.

“No esperé nunca que mis juguetes pudieran llegar a un evento como este. Fui invitado por la Fundación Caguayo S.A. Camagüey. Me consideraron importante, el único en Cuba que hace prototipos a este nivel de terminación, de diversidad, imaginería. Estoy muy agradecido”.

Reducir, reutilizar y reciclar son claves de su ejercicio...

—Existe una contaminación real, y fomentando este trabajo se logra limpieza, pero la sensibilidad de las personas no está a la altura de lo que quiero. Los primeros juguetes los doné al Programa Educa a tu hijo de mi municipio y se perdieron. Como lo lógico no es donar a quien no se interesa por proteger, entonces reproduje, guardé y me dediqué a la docencia en mi pueblo.

¿Por qué juguetes?

—Soñamos con juguetes que los diseñadores no hicieron, que por el numerito el día de comprar no te tocó, que nunca llegaron a tus manos. Me recreo con lo que logro con un contenido de belleza. Yo hago movimiento gutural, juego, sueño, vivo. Soy un niño constructor.

¿Cómo nació el primero?

—Fue un camión azul, guiado por un carro que un recluso le regaló a su niño, pero aquel sonaba y no daba para atrás. El niño necesita el movimiento y el sonido gutural. En tres días recuperé materia prima y lo confeccioné. Con pomos curvos logré los guardafangos, con blíster de pastillas puse luces traseras y quedé tan encantado que aquello me estimuló para siempre. No lo he podido recuperar porque el frasco de un talco infantil no vino más, ni la marca ni la forma.

Este tipo de objeto tiene el beneficio de la utilidad...

—El mejor elogio para mí es que un niño lo vea y se lo quiera llevar. Mis juguetes no son rústicos, sino artísticos porque los cortes están limpios, finos, con un contenido aplicado de academia, un trabajo de calma y precisión. Son juguetes ecológicos. Después de 10 años he logrado 312 prototipos, pero no los tengo completos por donativos a los círculos de mi comunidad, a niños con cáncer en el Hospital William Soler y en nuestro Pediátrico. Tampoco están hechos para siempre. Me duran a mí porque los he reservado como prototipos únicos. Algunos no los he podido reconstruir porque la industria va cambiando el frasco y me obliga a cambiar.

Esta muestra en la galería República 289 resulta poco usual...

—No se valora la utilidad dentro del arte popular. Me considero un artista popular en mi municipio, un artesano. Se le da más peso a lo ecológico que a lo artístico. No he podido pertenecer a la Asociación Cubana de Artesanos Artistas porque no están estipulados los juguetes de pomo.

¿Cómo se inserta ante la oferta común?

—Los catres están llenos de prototipos refundidos en varias partes del país. A lo mejor el primero salió bien, pero..., están manchados, hechos de cualquier plástico y tienen a personas en los basureros hasta aquí de churre. Tampoco se acercan a mis talleres. Me interesa enseñar en los tres círculos infantiles de mi comunidad, a instructores de arte, que las personas aprendan a hacer. Propongo, dejo lo básico y cada cual tiene la libertad de crear su juguete, algo práctico, funcional, con estética, de ahí la sostenibilidad del proyecto. Nunca imaginé la fuerza de generalización en el municipio.

¿Y que hay de su alter ego Natilla?

—Surgió en el 2003. Como soy promotor cultural se me ocurrió un payaso para atraer en las comunidades. A ningún instructor de teatro le interesó ponerse ese traje que hice. Fue difícil, pero rompí el hielo. Para la recogida de materia prima en Guáimaro me visto del payaso Natilla, es la manera inteligente de recoger lo mío, porque los vecinos me regalan dos o tres, pero obtener medio saco, en una escuela, coordinado por convenios.

“Los juguetes aparecieron en el 2005. Los llevo en un cofre de papier maché, son mi tesoro, y a media actuación los empiezo a sacar y a animar con las artes plásticas del payaso que construye. Escribo para niños. Cada juguete tiene su adivinanza, analizada por un taller literario. Un contenido lúdico, didáctico y una enseñanza”.

¿Basta con ser el inventor de juguetes?

—Me atrevo a asegurar que dentro de unos años yo pueda construir esculturas con este tipo de elementos. También he hecho objetos decorativos y funcionales como lámparas, portalápices, portamemorándum para oficina, helechos, un patrón de orquídeas. Se puede hacer maravillas, todo lo que el hombre se proponga, solo depende de la materia prima en la mano, el tiempo y un toque de amor.

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