Cuando llegó el turno del escenario, a un costado de la Catedral, componían un cuadro hermoso aquellos cuerpecitos primorosos y ordenados. Desde el primer momento resaltaron por la presencia de impecables escolares; buenos, inteligentes y aseados como aconsejaba Martí. Entonces empezaron a compartir la música con voces de la ternura y admirable afinación.

  Dame la mano y danzaremos... se le escuchó a Mislenis Robinson Delgado, quien nació a los seis meses con una cardiopatía. Ya tiene 13 años, vive en Sola y recibe clases ambulatorias. Su tío elogió la influencia del grupo: “Ha mejorado, tiene más retentiva, y hasta por la Aclifim nos dijeron de matricularla en la famosa escuela de La Habana, la Solidaridad con Panamá”. Ella prefirió hablar de lo encontrado en la iniciativa de su tierra: motivaciones, enseñanzas, orientación, amistad, especialmente la de Daniela, ahora estudiante de percusión de la Escuela Vocacional de Arte Luis Casas Romero. “También quiero mandarle muchos besos a mi mamá Yadira”.

Como solista, Erika Ortiz Aguilar interpretó Zumo de romerillo, con rostro de modestia y evidente gusto por presentarse ante un público nutrido a plena tarde, a pesar de las intermitencias del tiempo de sol abrasador a abrupta amenaza de diluvio.

En el coro estaba Yeisi Laura Pérez Domínguez, insistente con su criterio: “Nuestro proyecto es lo mejor que un niño puede tener, además, significa un orgullo para mí porque mi mamá Amarilis Pérez fue maestra de música”.

A Dayeni Torres Gamboa también le correspondió acompañar en colectivo. Ella desea ser cantante y todo indica su afianzamiento como la artista de la familia. Su mamá, Marisbel, acotó: “Me gusta que la niña participe en las actividades. La tratan bien y la cuidan”.

Responsable de tanta alegría y gratitud es Leodanys Martínez Hidalgo, director de ese proyecto sociocultural, que fundó en el 2011 para la integración de los niños de las comunidades de Sola y Cubitas. Aglutina a 48, de los cuales 12 presentan discapacidades físicas y psíquicas. “Surgió para que interactuaran, para que aprendieran a compartir con síndromes de Down, retraso mental leve o dificultades motoras y físicas. Desarrollamos una atención integral, con la colaboración de Salud, Educación, el Inder, de instructores de música y danza, de promotores culturales —aquí vino Yurisniel Guerra Sande, de la comunidad de Puerto Piloto— y con el apoyo incondicional de la familia”.

A Camagüey le mostraron sus melodiosos resultados. La instructora Yamila Espinosa Rodríguez ha potenciado el popurrí de música tradicional infantil, aunque trabaja otros géneros. “En la comunidad de Cubitas, donde vivo, hay una sala de video, pero no existe espacio alguno para que los niños pequeños se diviertan. El proyecto les permite hacerlo creando, y lo extiende al pueblo. Vamos al hogar de ancianos, al círculo infantil, al parque de la Filial, a la tarima. Hemos ido a Sola, Vilató, Piloto, Esmeralda, La Gloria, Imías, entre otros lugares. Estos niños son nuestra razón de ser”.

“En busca de un sueño” les enseña también baile, actuación, pintura, corte y costura... Sus integrantes estudian en las escuelas primarias Héroes de Yaguajay, Forjadores del Futuro y Enrique Hart Dávalos. Como el espacio no nos alcanza, nombramos los perseverantes con la lista: Dalay, Evelyn, Lennis Mary, las dos Alianet, Elaine Xiomara, Odalis, Yanela, Lisbet, Dayaris y Sheila de la Caridad... con el deseo de que todos cumplan sus sueños.

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