CAMAGÜEY.- Lluvias ácidas es un volumen sobrecogedor. Su autora Evelin Queipo Balbuena acude a este raro fenómeno natural, para desentrañar la inestabilidad emocional de los seres humanos en situaciones límites. Los personajes de estos cuentos se desangran por alcanzar sus objetivos, ya sea la aceptación de la persona amada o el derecho a ser y pensar por voluntad propia.

Aquí se tejen historias conmovedoras en las que la realidad y la ficción se mezclan tan exquisitamente que el lector llega a perder la noción de las mismas, entonces centra su atención en los detalles, pues descubre que ciertas historias dependen de algunas anteriores y por lo tanto es imposible no escuchar al narrador con determinada premeditación. Ese es el secreto de este libro: la premeditación y la destreza narrativa de la autora. (Egresada del centro de formación literaria Onelio Jorge Cardoso y ya reconocida en importantes eventos literarios del país)

Este texto que desgarra la piel y aviva las neuronas mereció el Premio de la Ciudad de Nueva Gerona en 2011, fue publicado por Ediciones El Abra en el 2014, nos deja esa amarga sensación que trae la incomunicación de nuestros días, ese pánico que nos azota cuando pensamos que tal vez no abrazaremos más a quien amamos (dígase padre, madre, hermanos, abuelos, tíos, pareja y por su puesto a los amigos entrañables)

Pero con Lluvias ácidas Evelin nos alienta a continuar la marcha hacia el futuro más allá del dolor que nos impone la existencia, nos recuerda para qué fuimos creados cuando uno de sus personajes (en el cuento La duna) asegura: “ …si por algo estoy aquí es para ver por fin al caminante que logre vencerla. Que cruce el desierto y siga amando el mar. Siga soñando con beber agua aunque sea salobre… ese es mi sueño…”

Entonces, Lluvias ácidas, crece, se multiplica en las utopías cotidianas que engendramos para reivindicar a nuestra especie de todas sus torpezas, mientras, soportamos el rigor de un diluvio en el que habremos de lavar las manchas de nuestro próximo renacimiento.