El antecedente del espacio son los coloquios de los años ochenta, desarrollados durante el Festival Nacional de Teatro de Camagüey. Era natural su resurgimiento en nuestra ciudad, sedienta de diálogo entre especialistas y artistas. Con tal propósito, del 4 al 6 de febrero, las tardes y las noches se aprovecharon para apreciar, y las mañanas, para discutir.

Acuerdos y desacuerdos encontraron el momento oportuno en la Casa del Joven Creador. Allí no todo fueron piropos para los grupos Teatro del Viento y La Comarca, que han elevado el listón a las representaciones del territorio, a partir de introspecciones y búsquedas para seducir, uno con la intención en adolescentes y jóvenes; otro, con el manantial de las sombras.

Como en fila india, mas no como condenados a la hoguera, pasaron también Teatral Teatro, Guiñol de Camagüey, Adarga Teatro, Teatro D' Luz, todos del catálogo del Consejo Provincial de Artes Escénicas, y el invitado Noventísimo, proyecto experimental de la Asociación Hermanos Saíz.

Varios participantes aseguraron que hubo franqueza y voluntad de diálogo, superpuestas a la reticencia de años precedentes en que no fructificaba la convocatoria, por los temores y las fobias a la crítica, ese “mal necesario” como lo calificó el director y dramaturgo Freddys Núñez Estenoz, “para ayudarnos a crecer como panorama teatral, no como islas o agrupaciones islas dentro de un gran continente que puede ser el teatro cubano”.

La iniciativa del Encuentro salió de la Casa Editorial Tablas-Alarcos, de conjunto con el Consejo Nacional de Artes Escénicas, a partir del reclamo de los territorios, de una relación de constancia de la crítica más allá del bojeo somero para el Festival, sino pensando en la proximidad de los estrenos, en la circulación de ideas a partir de los resultados que vaya teniendo la escena.

Camagüey no es la primera provincia a la que llega la comitiva de teatrólogos, empeñados en el redescubrimiento de la escena cubana contemporánea, como en su momento logró Rine Leal, con su admirable periplo por la Isla, esencial para conformarse la metáfora del teatro como selva oscura.

Omar Valiño, director de Tablas-Alarcos inició con una advertencia: “No traemos la verdad, no traemos órdenes; son sugerencias, valoraciones argumentadas que los equipos pueden tomar para el desarrollo de su trabajo. También nosotros aprendemos de qué piensan el director y los equipos, de cómo están enfrentando la creación, que es más importante que la crítica”.

Lamentablemente, el habanocentrismo ha permeado las promociones de profesionales formados para el criterio de la escena. La imagen del teatro en Cuba se ha ceñido al contorno de la capital, donde reside la mirada que “legitima”, aunque no logre ver el universo de grupos. Acá vinieron cuatro: Andy Arencibia, por el Consejo; Indira Rodríguez y Omar Valiño, por la casa editorial, e Isabel Cristina López, profesora de la Universidad de las Artes.

Cuentan que no hubo sobresaltos, ni se hirieron sensibilidades cuando elencos y directores recibieron señalamientos del montaje, de lo que no consiguieron aunque fuera un propósito. Si no se retractan de sus declaraciones al equipo del programa televisivo Arte Soy –al que Adelante Digital  agradece parte de la información-- hubo consenso en cuanto a lograr un ejercicio de honestidad.

Los teatrólogos encontraron una escena viva y diversa por sus tendencias, códigos y lenguajes; con público garantizado para espectáculos en la calle; con unas poéticas en formación y otras urgidas de replanteo. A la dramaturga Yoandra Santana, se le debe una pregunta capital para el debate: ¿Será necesario el teatro que estamos haciendo para la gente?

También devino experiencia interesante para los críticos, por la perfectibilidad de sus maneras de acercarse a los procesos creativos, por la posibilidad para despejar estereotipos, alimento de infecundos egos. Se llevaron como asignatura pendiente ampliar la mirada a las variedades, porque esta es de las pocas provincias con circo y escuela de magia.

El Encuentro de la Crítica Teatral debe continuar cada año, con la máxima de servir a las especificidades del territorio, por la utilidad básica de reunir –como alguien enfatizó-- el movimiento teatral que no suele sentarse a conocerse de verdad.

 {flike} {plusone} {ttweet}