Camagüey.- “Yo sé que ellos no van a ser artistas; van a ser médicos”, dice Marlene. Y seguramente tal certidumbre se cumplió con todas las generaciones que han hecho de las tablas más que un hobby el complemento de una “obra” dilatada concebida para sanar.

De tanta certeza-luz quizás poco sospecharon Alfredo Gálvez García y sus muchachos cuando aquel 4 de abril de 1983 hicieron “parir” el grupo de teatro para niños Olga Alonso de la Universidad de Ciencias Médicas Carlos J. Finlay de esta provincia.

Durante una década bajo la tutela de ese mentor los aprendices de médicos llevaron a escena obras como El cangrejo volador, La serpenta y Pájaro, murciélago y ratón, Blanca Nieves y los siete enanitos y Okán-Deniye, la dama del ave real. Cosecharon aplausos y reconocimientos; labraron el camino.

En el año 1998 llega Marlene Céspedes Fontes, graduada de la Escuela Profesional de Instructores de Arte tras la partida de Gálvez García y se dispone a rescatar la “puesta” de los ardores. “Recuerdo que dije: arriba, el 'Olga Alonso' va de nuevo a formarse”, rememora.

Con esos mismos ardores habla Marlene de su pasión por las marionetas, de ahí que no perdiera tiempo y poco después se convirtieran en el primer el grupo aficionado de teatro para niños en trabajar con títeres y sombras chinescas. Claro, como todo lo bueno, tales motes precisaron noches y empeño.

El repertorio creció. Y en pocos años ya contaban con Ropa de Teatro, Fábula en un país de cera, Oda a Dorita, El principito, El Mago Gorgonio, Te Pillé caperucita...

TEATRO EN LA SANGRE

En la actualidad el “Olga Alonso” se compone de ocho alumnos de las carreras de Estomatología y Medicina, casi todos de los años terminales. Cuesta creer la determinación de estos muchachos en el aprendizaje de guiones, cuando muchos de sus compañeros quisieran multiplicar el tiempo, solo para estudiar las lecciones del día.

Pero como suele pasar, la dedicación recoge frutos. El “Olga Alonso” históricamente ha ocupado un espacio relevante en los Festivales Provinciales y Nacionales de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU). Además, tienen el orgullo de pertenecer, desde el 2010, a la Unión Internacional de la Marioneta (Unima), organización que agrupa a los profesionales del teatro de títeres; son los únicos aficionados del país en ganarse el mérito. En el 2012 integran la Asociación Internacional de la Infancia y la Juventud (ASSITEJ) en reconocimiento a los conceptos que promueven.

Lilian Susana Torres Fernández, de tercer año de Estomatología confiesa que “es realmente difícil pero maravilloso a la vez; entramos al grupo con la idea de hacer actividades que nos aportaran al currículum y entonces todo dio un giro tremendo: se cultivan grandes amistades, adquirimos formación artística y enriquecemos el espíritu de sacrificio. Al grupo no le dedicamos solo el tiempo que nos sobra; tratamos de cumplir con ambas responsabilidades”.

Por su parte Eikel González Aguilar, de cuarto año de Medicina, cuenta que “siempre actué; desde pequeño me involucré a cuanto acontecimiento artístico convocaban en la escuela, hasta en el Servicio Militar; el teatro me complementa, me desconecta del mundo”.

Parece que ciertamente llevan mucho de “artista” en las venas. “Vale la pena todo el empeño; es una creencia sin fundamento la que nos condena a la mediocridad en nuestras carreras si hacemos teatro. Sí se puede”, sentencia Reyvi Cruz Carralero, quien cursa el tercer año de Estomatología.

¿MÉDICO O ARTISTA?

Cuando este equipo preguntó por la determinación de emparentar arte y ciencia, las respuestas “salieron” como ensayo de libreto. “Pronto seremos trabajadores de la Salud y como tales tenemos el deber de formarnos integralmente; ser médicos y estomatólogos no es solo saber de Morfología y Fármaco, por ejemplo; la vida es más que eso”, dijeron convencidos.

“Es muy reconfortante para nosotros ver las sonrisas de los niños, la alegría con lo que hacemos cuando ven tan poco un títere, una actuación. Esas experiencias enriquecen el alma”. Además, Gianni Giralt Montenegro, de cuarto año de Medicina asegura que en el “Olga Alonso” ha adquirido herramientas para intercambiar con los pacientes: “El teatro nos brinda habilidades oratorias, para proyectarnos en la sociedad”.

Las especialidades, expusieron, les aportan cientificidad al grupo pues emplean los conocimientos de la carrera para la concepción de las obras. “Nos sentamos en conjunto y pensamos la historia como la de la campaña contra el mosquito con los títeres de Pelusín o la de la necesidad del lavado de los dientes con los personajes de Caperucita”, comentó Eikel.

Las cuartillas del Trabajo extracurricular del grupo de teatro Olga Alonso en la promoción de salud bucal, de Lilian, apoyan la idea que expresara Eikel. Hasta al X Congreso Internacional de Educación Superior “Universidad 2016”, en el pasado febrero, la “Carlos J. Finlay” llevó “función”. Cuenta Lilian que fue una investigación sobre el impacto de “Te pillé Caperucita” (segunda versión, con títeres de varilla) en sus espectadores: “Se escogió esa obra por la posibilidad que nos dio de enriquecer el guión con mensajes educativos; el objetivo nuestro es también integrar a las familias en las presentaciones para perpetuar en los niños el contenido”.

Marlene Céspedes FontesMarlene Céspedes FontesMarlene explica que ella desde la conducción siempre prioriza el trabajo vinculado a las especialidades; ella lo sabe, “no serán artistas”... Vaya, quizás mañana no cobren por ello pero de que lo son no hay dudas. ¿Conjugar lo de médico y “teatrero” no es serlo ya?

P'AL MONTE … A CURAR

Todos concuerdan en que su mejor público está en la “manigua”. Hablan con un cariño especial de “esos rincones a los que no llega casi el arte”, donde todos, grandes y chicos, ríen con títeres y ocurrencias pueriles. ¿Quién dijo que para “ver” arte importan las edades?

En remembranzas así el viaje a Las Catalinas se escucha como frase de libreto. “Fue una experiencia extraordinaria, la comunidad está cerca de Amancio, llegamos prácticamente de noche. Tenían una feria con cerveza y todo, y estaban los guajiros esperándonos; pensaban que iba un grupo musical, y entonces nos aparecimos nosotros con muñecos y disfraces... Disfrutaron tanto la presentación que terminamos con ellos tomando caldosa; aseguraron que nunca había llegado allí nada artístico, nos agradecieron muchísimo”.

Pero tal cruzada impacta más cuando refieren que fue en sus vacaciones pasadas y cuánto pasaron para encontrar el lugar: “¿Para las Catalinas?, ufff”, fue la respuesta que recibieron cuando pensaban que el destino estaba ya próximo, y que ahora se escucha con frecuencia en los embromes íntimos del “Olga Alonso”.

También hablan con entusiasmo de las funciones en escuelas, hospitales pediátricos, círculos infantiles, hogares para niños sin amparo familiar.

Alegan el papel, nada secundario, que “interpreta” la universidad para apoyarlos con sus presentaciones; “nos ponen la guagua, el combustible, y cada dos años nos asignan un presupuesto para la elaboración de títeres, vestuarios”, asegura Eikel.

Sin embargo, no cuentan con espacio propio para los ensayos pues el teatro de la escuela está en reparación, aunque en la sede del Guiñol de Camagüey tienen escenario y mentores. Marlene expresa su agradecimiento con esa institución por cederle sitio y asesoría en la incursión de nuevas técnicas como la de los marotes.

Con más de quince obras en su haber estos aficionados a las tablas no dejan de ganar honores. En octubre pasado merecieron galardón en los Premios Nacionales Escaramujo, celebrados en Bayamo con motivo de la XXI Fiesta de la Cubanía.

En marzo de este año volvieron a Fomento al Festival Nacional de Teatro Olga Alonso, a modo de reencuentro con las esencias; en esa ocasión obtuvieron el lauro por el Mejor Cartel. Estos teatreros camagüeyanos son los únicos en el país que llevan el nombre de la entrañable instructora de arte.

Y una puesta calentica aún es el Gran Premio con La cucarachita martina en la Fiesta Provincial de Teatro José Angulo Cisneros in memoriam, entre el tres y el cuatro de junio.
“Nuestras inquietudes artísticas también convocan a 'los mayores' y tanto en la casa como en la escuela todos nos apoyan; ¿los profes?, son muy comprensivos, pero realmente somos malabaristas, aseveró Lilian, vivimos enamorados eternamente de lo que hacemos. Es como andar en misa y en procesión; a veces queremos agregarle horas al reloj”.

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