Camagüey.- La segunda edición de Rumbatéate, concluido ayer en esta ciudad, evidenció el gusto popular y el arraigo por una expresión cultural que se pensaba privativa de la región occidental de Cuba, devenida brújula y coordenadas de la nación.

“Matanzas y La Habana han abarcado la rumba, pero nosotros la sentimos igual, es algo extraño que ha llevado a preguntarse a la gente de aquella región”, comentó a Adelante digital, el joven Noriel Abreu Dollz, “La Figura”, director musical de Abbo Aché, de Santa Clara.

Su origen en espacios de marginalidad constituyó un pretexto durante décadas para el menosprecio social, al punto de desconocer sus influencias en el desarrollo musical, pero ya no constituye secreto que el son tomó la clave de la rumba.

“La rumba se ha insertado tanto en la población negra y blanca, campesina, rural, que dondequiera que suena un tambor y una lata, la población está bailando y disfrutando. Es el momento de que todos los sectores se unan para darle el impulso que falta”, convocó Eduardo Santa Cruz García, director de Ochareo, de Cienfuegos.

El también percusionista elogió el “ambiente de rumba muy bueno, que pocos festivales logran. Hemos estado en otros eventos de Cuba y en el extranjero, por ejemplo, en Colombia, y no hay uno como el de Camagüey. Rumbatéate logra la mayor concentración”.

Este espacio bienal lo lidera Rumbatá, que en abril celebró sus 20 años de fundado contra todos los molinos, porque se creía que no florecería ese género por la fuerza de otras tradiciones del Camagüey; en cambio hoy hace gala de autenticidad al demostrar que la rumba trasciende los límites geográficos.

“Nuestro objetivo es que el pueblo de Camagüey se divierta durante estos días a golpe de la rumba, y se logró. La gente se ha sumado a esta fiesta con todo el amor, con el deseo de rumbear, de querer expresar sentimientos a través de la rumba. Es la sinceridad más grande del público, una respuesta positiva y eso vale mucho”, aseguró Wilmer Ferrá, director de Rumbatá.

Bastó para comprobar un recorrido por el programa, desde las clases de baile impartidas por Bárbaro Ramos, primer bailarín de Los Muñequitos de Matanzas, hasta las descargas vespertinas y nocturnas en dos plazas, la de los Trabajadores y la de San Juan de Dios, que implicaron colectivos musicales y danzarios como los conjuntos Arlequín y Maraguán, la compañía Camagua y el Ballet Folclórico de Camagüey.

“Esto ha sido un espacio de maravilla. Lo ha logrado Camagüey, en este caso Wilmer, es un aporte grandísimo. Nosotros, Los Muñequitos, no hemos podido en Matanzas. La cultura de Camagüey tiene fuerza para darle la oportunidad de hacer un sueño en dos años, una cosa bien hecha”, destacó Diosdado Ramos, director del colectivo matancero.

El disfrute se evidenció de diferentes maneras desde el que miró con los brazos cruzados, el que bailó, el que se acercó para ver cómo tocaban; del que fue a las clases como alumno o de espectador.

“Rumbatéate reúne una constelación de agrupaciones con mucho talento, que están demostrando con su trabajo que ese calificativo de que la rumba es patrimonio intangible de Cuba fue bien merecido”, sostuvo Amado Dedeu, el Beethoven de la Rumba cubana.

Luego de momentos de intercambio de experiencias, desde la teoría y la práctica, que incluyó la proyección del documental La isla de la música, de Santiago Álvarez, no hubo mejor cierre que el Rumbón sagrado.

Alrededor de ocho horas de rumba movieron este domingo en el Club universitario El Bosque, con las actuaciones de Clave y guaguancó (La Habana), Ochareo, Abbó Aché, Rumbávila (Ciego de Ávila), Los Muñequitos de Matanzas y Rumbatá.

Rumbatéate deja bien claro que el arte popular no es obra de laboratorio, sino acto creativo con sazón de público. Rumbatéate significa sentimiento profundo por el folclor, manana en clave de Camagüey.

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