Llegaron como subalternas, mas ya sacuden la tribuna antes negada para ellas. Se inventaron un festival itinerante, porque la apertura requiere horizontalidad. Hacen arte femenino para demostrar en el fondo y en la superficie que, tal como acuñaron el evento, “Somos mucho más”.

Han sido muchachas violentadas, por esas viejas creencias que naturalizan el maltrato, porque la subestimación, las descalificaciones o el silencio también son golpes y gritos. “Para ser raperas tienen que hacer como nosotros”... Nada más alejado y egoísta. Por eso han debido alzarse, no con aires de superioridad, algo para lo que sí es muy dado el hombre; sino para la equidad desde la representación.

La Fina, La Jabá, La Cimarrona, Luz de Cuba o Sin Nombre han dado una gran lección a Camagüey. La Asociación Hermanos Saíz en la provincia ha merecido elogios a nivel nacional como hogar de exponentes y amantes de esa cultura urbana. De hecho, cuando se habla de rap y promoción, en seguida se menciona el Festival Trackean2 que, salvo en la séptima, en marzo, era en participación y en cuanto a discursos, netamente masculino.

Si La Fina y La Jabá, desde La Habana, no llaman y preguntan, tal vez nunca hubieran venido. Claro, lo cortés no quita lo valiente, al instante fueron invitadas. Y aquí, después de agenciarse nutrido aplauso a plena tarde, en la escalinata del preuniversitario Álvaro Morell, surgió la idea de traer este mismo año, el Festival Itinerante Femenino de Hip Hop Cubano Somos mucho más.

En efecto, del 25 al 27 de septiembre llegaron las muchachas, a las que acompaña Rebeld' Malcoms, productor de las antologías de nuestras raperas: Respuestas (2007), con el sello Asere, de la Agencia Cubana de Rap, nominado al mejor álbum de su tipo en el Cubadisco del año siguiente; y La emancipación de la mujer, doble e independiente, con 30 canciones desde 1996 al 2012.

Este movimiento artístico trasciende los llamados cuatro elementos ortodoxos: rap, break dance (baile), graffiti y DJ. Luz de Cuba hace poesía hablada. La Cimarrona defiende el teatro hip hop. En fin, hablamos de personas que asumen una cultura como actitud de vida, en la que confluyen músicos, escritores, periodistas, investigadores, actores, críticos...En sus temas late la identidad, la idiosincrasia, una militancia ecologista, un activismo contra la homofobia o contra cualquier exclusión, la crónica social del barrio, es decir, de los conflictos más cercanos y profundos como la violencia doméstica, y la principal denuncia, el machismo.

Sin Nombre es la única rapera de Pinar del Río. Hay mujeres que escriben pero no se atreven en público por el estereotipo del rap asociado a lo agresivo, lo fuerte. En cambio, con el hombre que trabaja, enseña con palabras o frases asequibles al oído sin utilizar la obscenidad, porque callar no es la solución.

Fue una experiencia alentadora escucharlas en los momentos teóricos, como en los microabiertos y en los conciertos. Y más agradable ver cuán atentos quedaban los hombres, ante las sorpresas de mujer. En la proyección de ellas está parte de la diversidad de su movimiento en cuanto a estilo, imagen... No importa que ellos siguen pasándose la vida valorando su manera de rapear. Ya son más, mucho más en Cuba. Están visibilizando a la mujer, no ocupando el lugar que le corresponde como se cree. Lo hacen con una expresión distinta aunque sea el mismo lenguaje con marca patriarcal, lastre de una sociedad machista que debemos cambiar.

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