NUEVITAS, CAMAGÜEY.- Fue sabiendo que no les resolvería ni un ápice de lo que necesitan para tener casa otra vez, pero cuando abrió la boca desató la única “epidemia” que ahora los salva de la tristeza. Con su pinta estrafalaria dijo llamarse Tripita en La Habana y aseguró haber llegado en un “pencotur”...

Los evacuados necesitan reír para aliviar lo que difícilmente se olvida, por eso, incluso después de la tristeza, la estampa del comediante musical Hugo Hernández aflorará como recuerdo grato de cuando el Instituto Politécnico Mario Herrero Toscano fue el hogar de varias familias en Nuevitas.

Tal vez los niños no entendían el chiste, pero estaban sorprendidos todavía por la magia de Julio, quien sacó el pañuelo rojo del huequito de una oreja de Gemanuel, y si usted lo duda, busque a su amigo Daniel Alejandro, porque él no me dejaría mentir.

Aquella mañana actuaron los narradores Domingo Marcos y Tania Castañeda, del grupo Catalejo de Cuentos, y tocó el Septeto 1920, tan sabroso que Nancy, la comunicadora de Cultura en el municipio, a quien nadie le cree que su edificio se movió con el ciclón, deseaba bailar el son montuno aprehendido a amar gracias a su abuela, pero no pudo por la fastidiosa dolencia de las rodillas.

“No importa que no haya ‘estilla’ para pagarnos. Queremos estar aquí”, dijo bien en serio Tripita, la salamera, punto fijo en los carnavales nueviteros. Como es Tripita para las buenas y también para las malas, acudió porque sabe levantar lo que en cada momento ha de ser levantado: “Mi aporte por el pecho parece una teja infinita”.

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