En los últimos días se le ha visto mimada por instituciones de la Cultura, y representantes del pueblo, porque no podía faltar el reconocimiento del Buró Provincial del Partido Comunista de Cuba, velador como ella del espacio común de la Patria chica.

Ella es la popular pintora de gatos y negritos, quizá la zona más visible de su obra, por las intervenciones públicas en parques y paredes. Cerca de la Plaza San Juan de Dios, tiene su galería-taller, el regalo que nunca soñó, y que aúpa con resplandecientes energías sus talleres infantiles y proyectos de creación.

Jovencita siguió la corazonada de la afición, se hizo instructora y en 1983 era profesional de artes plásticas. Decenas de exposiciones personales y colectivas ofrecen las pistas de su trayectoria con inspiración en el Arte Naif, su gusto por el pop, su defensa del retrato.

Recientemente, en medio del homenaje de la Oficina del Historiador de la Ciudad de Camagüey, confesó a Adelante digital lo imprescindible de sus cuadros: “Me interesa trasmitir felicidad”. Por eso pinta con todos los colores, por la obra “que construya al ser humano”.

A punto de viajar, anticipó su proyecto inmediato de llegar a Santa Mónica, California, para la inauguración del Centro de Estudios Cubanos, en la parte oeste norteamericana. Seguro antes de partir con Joel Jover, su maestro compañero, no pudo resistirse a pintar, como cada día, para la alegría de los demás.

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