Pero esta no es una crónica para hablar de las peripecias del niño, ni de cómo él ve satisfechos todos sus derechos en nuestra Isla; es una para contar las de su mamá, que tampoco es madre soltera, ni protagonista de alguna desventura por ella burlada.

Los entuertos de Yenia son más bien panaceas providenciales. La muchacha de treinta años es maestra, jefa de ciclo en la escuela primaria Otto Parellada Echeverría -menuda responsabilidad-; pero muchas de sus noches, luego de preparar la comida, atender a su familia y poner en orden su trabajo del día siguiente, las dedica, junto a su pequeño Eyden, a cabalgar. Claro, su Alex les alista siempre el caballete cual consagrado caballerizo.

Desde niña Yenia pinta, pero quién le iba a decir a la muchachita de la comunidad El Cromo que de grande tendría caballete, que contaría historias con un pincel, así como los artistas famosos, y que sería descubierta, como le sucede a los grandes, y que todo sería muy serio, que sería feliz.

Y para ese como para todos sus empeños, Alex es el mejor mentor que podía buscarse. Él no sabe darle lecciones de técnicas, pero le hace los bastidores para que su Yenia cumpla sus desvelos y como es Médico Veterinario siempre le aconseja sobre las características y anatomía de los animales.

Con semejante carta credencial se presentó Yenia a la XXII Feria Nacional de Arte Popular en Ciego de Ávila en noviembre pasado y se llevó el primer premio en pintura. Y Eda, su mamá, está muy orgullosa porque la “niña” fue reconocida en un evento de esos a nivel de país, pero Yenia también habla con satisfacción de lo que ha logrado en casita: en octubre fue hasta Hatuey, Sibanicú a presentar sus cuadros y allí también subió al primer escaño del podio en la Feria Provincial de Arte Popular.

Todo un sagaz descubridor resultó Luis Manuel; desde que la conoció hace casi dos años en aquella consulta médica predijo que Yenia tenía mucho de tesoro escondido, y enseguida la invitó al “Isabel de las Mercedes”, Proyecto de Arte Naif que dirige. Y mire usted como ha acertado.

Adelante la tendrá nuevamente por acá, sino en planas, al menos en casa, pues según nos aseguró Luis Manuel Torres Viamontes, en junio próximo, en el marco del VII Salón Provincial de Arte Naif Isabel de las Mercedes, el proyecto la reconocerá con la organización de una exposición personal en la galería Nicolás Guillén de nuestro periódico.

Y entonces como hoy quizás su historia sea noticia-pólvora allá en El Cromo y muchos de sus poco más de 800 habitantes se enteren –única parafernalia a la que aspira- de esa manía suya de pintarlos, porque ella no es de bombo y platillo, ni quiere ganar fama, ella solo quiere hacer su arte para la comunidad, y seguir grabando en lienzo las pulsaciones de los guajiros, y las vacas y las siembras que le son cercanas.

Porque Yenia Álvarez Rodríguez recuerda muy bien su infancia, y a sus abuelos viviendo y amando la tierra, por eso en las venas le corre, como me confesara, el amor por el campo; ella no podía sino plasmarlo en imágenes.

Yo rezo para que ella se vuelva solo un tilín popular y sus vecinos quieran saber cómo se las ingenia para llevar a la par sus responsabilidades en la “Otto Parellada”, las de mamá, hija y esposa y ese otro oficio hondo que se ha buscado, el de reseñar, a través de las líneas y formas, sus vivencias de antaño, los credos de su familia, que quizás por no sostenerse en códigos de academia ignora las nociones de perspectivas, proporciones y equilibrio y se lanza a detallarnos sus sueños, sus tibiezas, su sino.

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