A Yusnier y su Autopoiesis se les vio muy poco, por su retorno urgente a la capital, pero resultó una gentileza de su parte el traslado aquí de una pieza hasta el momento solo exhibida dentro del marco de la Bienal de La Habana. Al menos unas horas quería mostrarla en la galería Píxel, el hogar natural de su Orangebot-16, el robot que da la bienvenida en el Circuito para la Exhibición, Desarrollo e investigación de los Nuevos Medios (Cedinm), asentado en el local de lo que fue el cine Encanto.

“A la robótica llegué hace unos siete años, cuenta Yusnier, por un taller de un colaborador de la Universidad de Bellas Artes de Málaga, quien regaló de las primeras placas de Arduino a la Universidad de las Artes (ISA). Comencé a acercarme, a investigar y a emplear sensores. La adquisición de los componentes es complicada, porque no se venden en nuestras tiendas. Es necesario el reciclaje y el gesto de amigos que viajan al exterior y pueden adquirirlos”.

Héctor permaneció más tiempo, para compartir en el evento teórico su experiencia con el proyecto Órbita, una opción extracurricular en la Universidad de las Artes (ISA), que promueve el uso de las nuevas tecnologías y genera otro tipo de conocimiento en el contexto académico. Fue motivado a partir del laboratorio del departamento de Nuevos Medios del ISA, fundado por Luis Gómez, defensor de las potencialidades de las tecnologías para el arte.

“Pienso que se ha potenciado bastante lo que se conoce como nuevos medios, refiere Héctor, estudiante de quinto año. Yusnier es el único haciendo arte robótico en Cuba. La gente le tiene miedo al uso de la tecnología, porque esas obras son difíciles de comercializar, por disímiles motivos: la conservación, el traslado.... Cualquier cosa de este tipo puede parecer grandilocuente, pero en el arte lo importante es la idea”.

En el laboratorio El bunker, en una de las plantas del Cedinm, estaban en plena faena creativa, aunque no lo pareciera. Yusnier andaba armado de herramientas de mecánico, trasteando un aparato que se llamará Soya, su tercer robot, una aspiradora de piso o “auxiliar de limpieza” de la galería Píxel, que prepara para esquivar obstáculos (personas) y evitar la caída por la escalera. Aprovecho para preguntarle acerca del novedoso tema:

“La robótica dentro del arte está surgiendo en el contexto cubano. Cada vez más los artistas se acercan al artefacto, por ejemplo, para con una acción de un espectador echar a andar una obra más clásica como un video. Quizás dentro de unos años tengamos una obra genuina, no como hoy, con la robótica supeditada”.

Al frente estaba Héctor con su laptop, concentrado en el Arduino, el software libre o plataforma accesible para crear obras con sensores, leds... en fin, tecnología que implica saber de electrónica, neurociencia, de un enfoque transdisciplinar, por eso afirmó: “El arte necesita un cambio sustancial en la forma de exhibición; los nuevos medios lo permiten. No sé si el de estos y la robótica será el camino, pero van en una dirección correcta”.

Graduado del ISA en el 2009, Yusnier permanece en la escuela, como profesor del taller de robótica, hace dos cursos introducido al programa oficial de segundo año de Artes Visuales. Sus clases tienen un claro objetivo: “Más allá de aprender, entender; lograr que ensamblen y armen una estructura compleja capaz de ser autónoma. Es posible construir a un bajo costo”.

Él está a punto de tomar su equipaje de regreso a casa, donde no debe perder el módulo de la Maestría en Realización Audiovisual, para la cual prepara un tesis acerca de la realidad extendida, otra forma de ver las imágenes en movimiento, de conjunto con su hermano Yuniel, fotógrafo egresado del ISA.

A cargo de la muestra de ambos There isn't low tech, but low contexts, ha dejado a Héctor, quien participó en Festival Internacional de Videoarte de Camagüey (FIVAC), y aprovecha para agradecer: “El proyecto del Cedinm es genial, el único que en el país promueve el uso de la tecnología y que ha absorbido los nuevos medios como parte de su curaduría”.

Ya hoy no hay brazo ni huella, pero las pantallas de la “Píxel” difunden esa otra parte de la obra que no siempre el espectador ve, el proceso creativo que amplía la dimensión de Autopoiesis, metáfora del autoreplicarse porque Yusnier se puso un guante con sensores que registraron los movimientos de su brazo derecho, luego repetido por el artefacto; o el traje que Héctor usó cinco días en la Bienal, y reportó los impulsos de sus vivencias a más de una veintena de críticos y gente de poder dentro del circuito artístico. Mentado remedio para el arte del futuro hecho desde ahora, visto este Fidelio.

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