CAMAGÜEY.- La evolución de las sociedades trae consigo una necesidad imperiosa de cambios. Se levantan puentes kilométricos, edificios increíbles y la tecnología marcha a paso agigantado. A las transformaciones materiales van aparejadas las ocurridas sobre lo más íntimo del ser humano, como es el caso del sexo.

Las obras de la Novena edición del Salón de Arte Erótico Eros y Arte brindan una visión abarcadora sobre las confluencias del deseo estereotipado y los esquemas sexuales y culturales afines a estos tiempos.

¿Hasta qué punto pueden llegar los matices del erotismo? ¿Cómo se transmuta el concepto según la lectura del espectador? ¿Dónde acaban sus fronteras? Las creaciones, expuestas en la galería del Proyecto de la Institución Socio Cultural eJo, recorren diversas estaciones de lo considerado como erótico e invita a apreciar, sin recatos, las interpretaciones que hacen los 17 jóvenes participantes sobre el tema.

Desde que se traspone el umbral del sitio, el público es permeado por la actividad–en mayor o menor medida- de un voyeur, es decir, de aquellos apasionados al desnudo que solo encuentran el placer en el físico. Pero la muestra más que en una preferencia por lo superficial o por el disfrute carnal, deviene en un juego engañoso con nuestra líbido, tomando como cómplices a la pintura, la fotografía y la escultura.

En la pieza en madera, Rocío, de Alberto Martínez Linares, se identifican a dos amantes tallados en un estilo primitivo, que practican una de las poses más conocidas del Kama Sutra. Igual de directas en su mensaje son El plato favorito, de Robert Karel Cañizares y La decisión de Sofía, pintura de Dariel Arcos Corso. Ambos colocan al cuerpo femenino como protagonista de sus cuadros bajo el manto de la lujuria. El primero inmerso en una especie de bacanal y al otro, preso en un consentimiento aceptado socialmente como morboso.

Predominan en la galería los trabajos que empujan a la imaginación, ya sea hacia el erotismo expreso o a unir símbolos para rebasar los límites de la picardía, pero el diapasón es más amplio.

Resulta interesante la propuesta minimalista de Ronny Blanco Loyola, Concupiscencia, quien reta al público a llenar, al gusto, dos medias panties situadas en un fondo blanco. También en los pequeños detalles de la naturaleza podemos pensar en lo delicado y sensual, así lo demuestra la fotografía sin título de Eliane Sánchez Hernández.

El silencio es un elemento intrínseco de la exposición. No es el silencio solitario y nostálgico percibido en los Noctámbulos del pintor estadounidense Edward Hopper, sino el del espía, el del voyeur interior que cada espectador contiene y que exterioriza mientras comenta o asocia imágenes.

Lejos de ser un espacio marcado por lo insano o sexualizado, el salón de arte erótico, que se mantendrá abierto hasta el primero de agosto, nos muestra una multiplicidad de opciones para replantearnos los diferentes lenguajes del erotismo y de revitalizar esa línea creativa estrechamente vinculada a nuestra condición humana.

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