CAMAGÜEY.- La presente muestra de Rodrick Dixon, en la sala de exposiciones Julián Morales de la sede camagüeyana de la UNEAC, es una continuación orgánica de la evolución de su obra en los últimos quince años.

Precisamente en estos tres lustros se desarrolla esa cuerda antropológica que lo conecta a sus antepasados y a una serie de factores culturales que desde hace varios siglos están dando y tomando de aquellos que fueron traídos del África occidental al Caribe, de los que le sucedieron en su entorno anglófono y sus descendientes, quienes al ser libres se dispersaron por ese collar de islas y naciones con vista al mar e incluso un poco más allá.

Dice Dixon, recientemente jubilado como profesor de la Academia de las Artes Vicentina de la Torre, que ahora tendrá tiempo suficiente para dedicarse a trabajar arduamente en su taller del reparto Roldán, en el municipio de Vertientes, desde el amanecer hasta la noche, con el entusiasmo de disímiles proyectos que ahora le mantienen ocupado.

Aunque se mantiene fiel a dos o tres coordenadas temáticas que le brindan posibilidades de expresión casi infinitas, su trabajo ha continuado madurando, tanto la pintura como el grabado, y la cerámica han tomado un nivel superior de ejecución y mayor variedad de formatos.

La originalidad temática y figurativa de Rodrick Dixon, aun cuando se perciban, para bien, influencias de otros autores, le permiten desde su taller, ser un cubano universal.

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