CAMAGÜEY.- Yo soy el que soy fue su carta de presentación en el 4to Festival Internacional de Videoarte de Camagüey (FIVAC). Al siguiente trajo Reforma Agraria y ganó uno de los premios. Yamil Garrote decidió volver ─aunque el 8vo no tuvo carácter competitivo─, porque considera Camagüey un manantial de motivaciones.

Él vive en el pueblo de San Antonio de los Baños, en la provincia de Artemisa, e imparte un taller de posproducción en la Universidad de las Artes de La Habana. A principios del 2019 terminó la animación Harakiri, que aquí exhibió en la Galería de Arte Universal Alejo Carpentier.

Antes participaste como estudiante. Ya eres un profesor. ¿Ha cambiado tu actitud?

─No hay mucha diferencia entre ser profesor y alumno. Soy un principiante, abierto a todo el aprendizaje posible. Noto poca participación de jóvenes cubanos dentro del festival, como consecuencia de la Bienal en La Habana. Lamento que se perdieran las interacciones con personalidades e invitados que han aportado mucho a este evento.

Las muestras ponen en contacto con otras realidades y modos. ¿Qué lecciones te llevas?

─Las propuestas de otros países hacen énfasis en cómo perciben y muestran sus preocupaciones. En efecto, nuestra realidad marca nuestra obra. Por eso mi trabajo se vuelva hacia problemáticas que inciden en la identidad de la persona y en cómo el medio influye en la conciencia social.

¿Coincides conmigo en que la madurez del FIVAC ha ayudado a superar la ediciones de catarsis de los cubanos frente a las limitaciones de acceso a las tecnologías avanzadas?

─Sí, ha ayudado a ver más allá, por ejemplo, el taller acerca de la realidad aumentada nos mostró un camino ineludible. Fuera de aquí recibimos la utilización del video, como tradicionalmente se hace con ciertas características. Tampoco podemos desconocer que todavía los cubanos seguimos sin acceso a todas las herramientas posibles.

En Harakiri resaltas un animal grotesco. ¿Cuáles razones te impulsan a ser un artista problémico?

Harakiri para mí es la asunción de varias cosas. El título alude a un ritual de suicidio, y la obra contiene el sacrificio de las personas para obtener cosas. El personaje principal es una cucaracha, ese animal que redefine a muchos cubanos, en su interacción con el medio. A la gente le ha impresionado la factura y le ha gustado la idea.

¿Por qué insistes con la animación?

─Trabajo la animación en función del video. Me interesa porque es consecuente con lo que quiero mostrar. Animación significa poner alma a un objeto. En La Habana hay muchos cursos, pero más volcados a la técnica, y no tanto a una producción de sentidos. Insisto en ayudar a redescubrir esta zona medio desconocida dentro de la producción plástica de Cuba.