CAMAGÜEY.- El 8vo FIVAC no comenzó con un videoarte. Eso pareciera contradictorio, sin embargo ha sido coherente con las esencias, como sugirió anoche en la apertura Jorge Luis Santana Pérez, presidente del Festival, al agradecer a artistas, intelectuales, investigadores y curadores, por hacer posible este encuentro fraternal que estimula los sentidos

Precisamente, cuando él hablaba, la sala George Méliès seguía bajo el encantamiento de la bailarina camagüeyana Maura Morales, quien minutos antes representó fragmentos de Exceso de la nada, una danza-teatro que permite leer las desgarraduras de una persona consciente de su identidad cultural. El público aplaudió con la energía de ella al bailar otra vez en su tierra.

En la música de la obra de Maura resultó inconfundible el timbre de Wilmer Ferrán Jiménez, conocido suyo de los tiempos del aprendizaje en la escuela de arte. La voz de él, como permanente invitación al baile, estaba en el recuerdo de la tarde, cuando regaló una descarga con su grupo Rumbatá en la Plaza de Los Trabajadores.

En efecto, el FIVAC empezó ayer con motivaciones a los sentidos y los afectos, desde las capacidades y también las intensidades del cuerpo que luego dialogará con la tecnología, pero antes había que escuchar el mejor de los puentes de Cuba con el mundo: la música.

Lo anterior explica la inclusión en la ceremonia de apertura del grupo Son Entero, con temas de la música tradicional cubana, y del proyecto de inspiración flamenca Andarte, ambos con espacios habituales en centros culturales de Camagüey.