CAMAGÜEY.- Una de las prácticas fundamentales para alimentar el alma, entre hindúes y budistas, es la de la vocalización de un mantra sagrado en absoluto silencio. Sentados en la posición de loto y con los ojos cerrados, los devotos hacen vibrar la palabra o la frase que vigoriza al cuerpo físico y, sobre todo, al espíritu. Arriban a un placentero vacío de la mente. A una paz absoluta que se acentúa si se visualiza un mandala, es decir, la composición de simbologías que se unen para darle un sentido moral y divino a las andanzas terrenales del hombre.

Sobre la savia que destila la alianza de los preceptos del budismo zen y del hinduismo versa la exposición personal del pintor avileño Eddy Mayea, en la Galería República 289. El punto común que busca el autor para ambas filosofías: los mandalas que recreó desde su propia experiencia cimentada, principalmente, en las virtudes contenidas en el código japonés del Bushido – Camino del Guerrero, traducido al español-.

El honor, la justicia, la lealtad, la cortesía, la benevolencia, la honestidad y el coraje representan la sustancia que se esconde bajo los trazos fraguados por el pincel de este artista. Sobre esa integral armadura coloca su andamiaje conformando círculos concéntricos con escritos en lengua sánscrita, triángulos equiláteros que imponen una aparente estabilidad y las recurrentes piedras que siempre adornan la composición de sus cuadros ¡Ah!, pero esas rocas son más que decoración, más que un elemento anacrónico.

Dentro del cuadro, lo pétreo tiene vida. Hay motivos suficientes para pensarlo si imaginamos un jardín zen. En ese espacio verde, la roca dura y pulida evoca los tropiezos, las dificultades que debemos afrontar para darle un vuelco a nuestra suerte, a la necesidad de provocar un giro de 180 grados gracias al buen karma generado por nuestras acciones. En el lienzo las ondas circulares –formadas por hormigas, ideogramas japoneses y frases en sánscrito- que rodean los guijarros recuerdan también al propósito de serenar e invitar a la contemplación que persiguen aquellas áreas naturales, típicas de la tierra del sol naciente.

Om mani padme hum -, reza un poderoso mantra archiconocido en el budismo que evoca el carácter espiritual y universal de la flor de loto, sagradas en Asia. Desde las particulares obras de Mayea brotan, en plena madurez, casi siempre sobre un fondo blanco que les impregna pureza. Es una manera delicada de expresar la resurrección, la resiliencia, el resurgimiento de un estado mental favorable para enfrentar el mundo con rectitud y disciplina.

En los 18 trabajos de la exposición hay una búsqueda constante del equilibrio, se atisba el interés por explicar simbólicamente las leyes de la vida, las leyes de su autor. Existe acción en la seductora tranquilidad de las pinturas. La acción que persigue la purificación del alma.

La curadora de la muestra, la Dra. Olga García Yero escribe en las palabras al catálogo: “Eddy Mayea ha creado un universo pictórico único en las artes plásticas de la isla. Su lenguaje visual nos lleva a realizar una lectura del hombre contemporáneo desde una cosmovisión filosófica de un pasado que actúa como rejilla cultural para asumir el presente”.

Quienes gusten de las novedades dentro de las artes plásticas la exposición de Mayea, que fue inaugurada el día diez y lamentablemente será desmontada el 25, resultará una interesante propuesta para aproximará al público, más que a una muestra copada de exotismos, a los mandalas-bitácora que silenciosos nos revelan los misterios del universo y de nosotros mismos.

Brahama-nistha -Absorto en sí mismo-.Brahama-nistha -Absorto en sí mismo-.

Divia Chaksus -El ojo divino-.Divia Chaksus -El ojo divino-.

Karma Khanda -Sendero de la acciòn religiosa-.Karma Khanda -Sendero de la acciòn religiosa-.

Samadhi atma -Alma en éxtasis-.Samadhi atma -Alma en éxtasis-.