CAMAGÜEY.- Una función ideal ofreció anoche el Ballet de Camagüey, con el primer programa de su historia y con algo inusual, la música interpretada en vivo por la Orquesta Sinfónica de esta ciudad, motivado por los 50 años de la compañía.

Antes de descorrer los telones, el maestro Adolfo Roval, del Ballet Nacional de Cuba, y las profesoras María de los Ángeles Varela y Mirna Ferrales, el primer solista Yuniet Herrera y el producto Luis Molina, de la compañía anfitriona, merecieron la Distinción Espejo de Paciencia, máximo reconocimiento de la dirección provincial de Cultura en Camagüey.

Dos horas después, Las Sílfides, el pas de trois del primer acto de El lago de los cisnes y La Fille mal Gardée fueron la confirmación del halo de Vicentina de la Torre, y del arraigo de un arte de la resistencia contra las barreras a los sueños.

Carta valedera sigue siendo el amor como energía compulsora en la búsqueda de las mejores calidades humanas, la esencia con la que subió a escena el Ballet de Camagüey, hace medio siglo.

Aunque las destrezas de los bailarines de hoy superan lo que en asuntos de la técnica alcanzaban los fundadores, las interpretaciones de anoche evidenciaron la humildad y el esmero por representar con sentimiento de altura lo que a fuerza de tesón nació el primero de diciembre de 1967.

En Las Sílfides, Sarah Miranda lució con gracia en la mazurka ejecutada con Arian Saladrigas, y el vals de Rosa María Rodríguez Armengol, quien lleva pocos meses de primera bailarina, aunque no solo con su caso se destaca un rasgo de esta compañía:  la oportunidad de bailar que brinda a los más jóvenes.

Luego, en el pas de trois o paso a tres del Lago, Elizabeth Pajes, Zaida Enríquez y Raúl Calzadilla, permitieron leer en la relación de sus cuerpos, la importancia de saber trabajar juntos, y de aprovechar sus capacidades y sus talentos sin caer en las trampas del estrellato.

Con estas dos obras volvió a confirmarse lo idóneo del trabajo con la Orquesta Sinfónica, que de Chopin a Tchaikovski, abrazó a los anfitriones del tabloncillo al trasmitirles que la música no es una máquina que suena.

Cuando hace más de cinco años, el Ballet de Camagüey montaba Gisselle con la Sinfónica, Fernando Alonso enfatizaba que la función con las dos agrupaciones es lo ideal, precisamente porque es lo humano, la posibilidad de compartir la emoción de lo que se lleva adentro.

Tal vez Maritere Fernández Abreu, directora adjunta de la orquesta, no quedó satisfecha porque no ensayaron tanto, pero el público respondió con prolongados aplausos y eso denota un gusto por el performance de ambos, esa sed de proyectos colectivos.

Para cerrar el programa se reservó La Fille mal Gardée, una reliquia del repertorio clásico mundial, que recuerda el origen del ballet como danza campesina, y gana las simpatías del espectador más exigente, en especial el cubano, por su sentido del humor y su disposición permanente a la comedia.

Los primeros bailarines Rosa María Rodríguez Armengol y Yanni Garcia personificaron con su ángel a los enamorados Lisette y Colin, quienes afrontaron la incomprensión de la ruda Mamá Simone, en los últimos años defendida con justo acento por el maestro José Antonio Chávez.

Tras La Fille mal Gardée, obra activa aquí por 50 años, hubo una explosión de afectos, porque junto al elenco salieron a gratificar al público fundadores del Ballet de Camagüey, entre ellos, dos olímpicos, Adolfo Roval, quien hizo de Mamá Simone en 1967, y Alberto Piloto, quien alcanzó su cumbre de bailarín de carácter con ese rol.

Hoy continuarán las funciones en el Teatro Principal, con agrupaciones invitadas, hasta el día nueve de diciembre, cuando el Ballet de Camagüey repondrá Las llamas de París, como cierre de la jornada de cumpleaños, de elogios merecidos por su historia y por la dicha y la terquedad con que ha descentralizado una práctica de la cultura, desde esta ciudad con tradición de magisterio y de pasión por la danza.

Sarah Miranda, Arian Saladrigas y Rosa María Rodríguez Armengol en Las Sílfides.Sarah Miranda, Arian Saladrigas y Rosa María Rodríguez Armengol en Las Sílfides.

Las Sílfides, de Michel Fokine, alude la inspiración de un poeta que imagina seres etéreos en un bosque iluminado por la luna.Las Sílfides, de Michel Fokine, alude la inspiración de un poeta que imagina seres etéreos en un bosque iluminado por la luna.

Elizabeth Pajes, Raúl Calzadilla y Zaida Enríquez en el pas de trois del primer acto de El lago de los cisnes.Elizabeth Pajes, Raúl Calzadilla y Zaida Enríquez en el pas de trois del primer acto de El lago de los cisnes.

Puro movimiento en el paso a tres, con la esencia de saber trabajar juntos.Puro movimiento en el paso a tres, con la esencia de saber trabajar juntos.

José Antonio Chávez interpreta Mamá Simone.José Antonio Chávez interpreta Mamá Simone.

La Fille mal Gardée ha permanecido en el repertorio activo del Ballet de Camagüey.La Fille mal Gardée ha permanecido en el repertorio activo del Ballet de Camagüey.

Los primeros bailarines Yanni Garcia y Rosa María Rodríguez Armengol.Los primeros bailarines Yanni Garcia y Rosa María Rodríguez Armengol.

José Antonio Chávez, Alberto Piloto y Adolfo Roval, tres grandes del carácter que han representado a Mamá Simone en esta compañía cubana.José Antonio Chávez, Alberto Piloto y Adolfo Roval, tres grandes del carácter que han representado a Mamá Simone en esta compañía cubana.