CAMAGÜEY.- Che Guevara es el pentagrama vivo que la Orquesta Sinfónica de Camagüey acaba de tocar en el Teatro de la Enseñanza Artística de esta ciudad, como concierto único de gesta, amor y derroteros humanos.

La agrupación compartió casi una hora de interpretaciones a la medida inquieta del Guerrillero Heroico, Guerrillero ubicuo de las causas justas, de ahí el mosaico de temas e invitados.

Del Himno Nacional de Cuba al acompañamiento con Canción trovadoresca, de Frank Fernández, para la declamación por Javier del Toro del poema Che Comandante de Nicolás Guillén, camagüeyano, uno de los más abrazados aquí y en América Latina.

Fue como llegar a La Higuera para arrancarle la fatalidad de cuando lo asesinaron el 9 de octubre de 1967, aunque en Bolivia no pudieron matarlo para siempre, porque había nacido para ser el más universal Ernesto de Sudamérica, y el más cubano de los argentinos.

Batuta en mano, la joven Yarineidis Llinse Kessell dirigió con maestría la ruta del Hasta siempre Comandante, de Carlos Puebla; a la obertura Candide, de Leonard Bernstei; al Siempre conmigo, del saxofonista César López, interpretado por el virtuoso Henry Hernández.

Luego prosiguió Mira y tonada, de Pedro Novo; y sobrevino el tema de amor de La gran rebelión, de Frank Fernández; hasta Hoy mi Habana, de José A. Quesada; para casi ir despidiendo con Comienzo y final de una verde mañana, de Pablo Milanés, cantada por Antonio Batista.

Para el cierre, lo sorprendente con Manteca, de Chano Pozo, que unió en el escenario a la Sinfónica con el popular Rumbatá, sueño realizado para Llinse Kessell que acentuó las significaciones del concierto titulado La patria se levanta.

Ante el público, la Dirección Provincial del Centro de la Música y los Espectáculo elogió con flores a Llinse Kessell y reconoció a Wilmer Ferrán, el guía fundador de la agrupación rumbera.

La Orquesta fue anfitriona gentil para la flautista Dalila Valero, los saxofonistas Henry Hernández y Aníbal Hernández, el trovador Antonio Batista, el tresero José Manuel Rodríguez y Rumbatá.

Y el público agradeció de corazón la hora hermosa que sus artistas compartieron con esmero por la memoria bullente del Che, como energía para que Camagüey siga tocando con tenacidad el concierto cotidiano de la vida.

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