CAMAGÜEY.- Una gran experiencia ha acumulado durante 23 años en el ejercicio de la medicina el camagüeyano Ubilquis Ramos Agüero. A su consulta de Endocrinología en el hospital pediátrico Eduardo Agramonte Piña, donde trabaja hace cuatro años, acudimos en busca de elementos para explicar las causas, consecuencias y clasificaciones de la obesidad en los niños.

—¿Cómo se define la obesidad?

—La obesidad es la acumulación excesiva de las grasas en el organismo. En el caso de la que se presenta en los niños constituye un reto para los pediatras, endocrinólogos, psiquiatras infantiles y otros especialistas porque es el más serio problema nutricional y de mayor prevalencia en menores de edad (entre un 15 y un 20 % de niños y adolescentes de muchos países desarrollados).

—Además de ese dato, ¿qué otras estadísticas muestran el estado de la obesidad a nivel mundial?

—En 1990 existían alrededor de 32 millones de niños con sobrepeso y obesos en todo el mundo. Hace dos años, la cifra ascendió a 41 millones, y de mantenerse esa tendencia, para el 2025 el número podría llegar a 70 millones. Esas alarmantes estadísticas nos indican la importancia de la prevención para estos casos.

Imagen: Tomada de revista.unam.mx.Imagen: Tomada de revista.unam.mx.

—¿Existen nomenclaturas para delimitar clasificaciones dentro de la obesidad infantil?

—Dentro de la obesidad infantil, el 95 % se puede clasificar como obesidad de causa exógena, o  nutricional, que es multifactorial. Y el restante 5 % corresponde a causas endocrino-metabólicas, genéticas o hipotalámicas.

—Enfoquémonos en la primera clasificación, por ser la más frecuente.

—Las causas nutricionales o exógenas de la obesidad infantil se deben a la ingestión calórica excesiva, generalmente por apetito exagerado. En ese factor inciden los alimentos ricos en azúcares (jugos, refrescos, batidos, helados, dulces, caramelos) y otros como el pan y la pizza, además de las dietas hipergrasas que incluyen, por ejemplo, alimentos fritos y ahumados.

“Otras causas frecuentes están relacionadas con los malos hábitos alimentarios como el de no desayunar —algunos de nuestros niños y adolescentes solo se toman, por ejemplo, un vaso de leche, y otros no desayunan; entonces a la hora de almuerzo comen más y por tanto absorben mayor cantidad de nutrientes—, omitir alguna comida del día, comer a deshoras, ingerir solo chucherías y alimentos chatarra, que tienen alto poder calórico y poco contenido nutricional, en lugar de consumir alimentos que aporten al organismo las proteínas y los minerales necesarios, además de no ingerir frutas y verduras.

“Entre las causas exógenas se encuentran también las provocadas por disminución del gasto calórico, por ejemplo, los hábitos sedentarios —hoy la actividad física de nuestros niños es menor porque los juegos en celulares y computadoras son pasivos—, la mala costumbre de comer frente al televisor, el reposo prolongado en cama por alguna enfermedad que lo exija y algunos trastornos musculares”.

—¿Es más severa la obesidad en la adultez si procede desde las primeras edades?

—Si la obesidad se presenta en las primeras edades, hay una probabilidad de alrededor de un 30 % de arribar a la adultez con graves problemas de salud; por tanto, para explicitar lo que me preguntas, sí, es más severa la obesidad que viene desde la etapa infantil que la que se obtiene en la etapa adulta.

—¿Cuáles son las causas más frecuentes por las que los padres llegan con sus hijos a esta consulta?

—Aproximadamente la tercera parte de los niños que recibimos en la consulta de endocrinología son obesos, debido a que hay un concepto generalizado de que la obesidad es un trastorno glandular, y no multifactorial, como explicamos al abordar las clasificaciones.

“Las niñas acuden por lo general antes de cumplir los 15 años, y quieren perder muchas libras en poco tiempo. Eso no es posible, porque el proceso debe ser de forma lenta y progresiva, además, no existe medicamento alguno para la obesidad, sino que resultan necesarios la dieta y los ejercicios físicos.

“La mayoría de los padres son también obesos, porque este es un padecimiento muy aparejado a los malos hábitos alimenticios de la familia en general”.

—¿Qué procedimientos o pasos les son indicados a los pacientes una vez aquí?

—Al niño o adolescente que acude a la consulta se le realiza primero un examen físico general para buscar la presencia de algún defecto hormonal, es decir, si tiene alguna alteración glandular de la tiroides, de la hipófisis, de las suprarrenales, es decir, cualquier signo que pueda ir aparejado a la obesidad.

“Luego, se le indica una serie de complementarios generales para determinar la posible alteración en el metabolismo de carbohidratos, lípidos o proteínas.

“Orientamos además una radiografía de cráneo, buscando determinada alteración, algún tumor hipotalámico u otra causa que pudiera estar condicionando la obesidad, aunque estas son causas mínimas, alrededor de un 5 %, como ya dijimos.

“En la piel también se realizan estudios, porque puede haber acantosis nigricans, que es el signo inicial de una insulinorresistencia (la insulina no es capaz de introducir la glucosa al interior del tejido adiposo y el tejido muscular, ese fenómeno se manifiesta con esa coloración negruzca que aparece en el cuello, las axilas o la ingle). El páncreas percibe esta situación como si no hubiese  insulina y entonces produce más, así se crea el ciclo hiperinsulinismo – insulinorresistencia, del cual algunos autores refieren una duración de entre 4 y 6 años. Al cabo de ese periodo, el paciente comienza a presentar los primeros síntomas de diabetes.

Foto: Tomada de saludymedicinas.com.mx.Foto: Tomada de saludymedicinas.com.mx.

“También se le determina al niño o adolescente su estado nutricional. Una vez diagnosticada como obesidad exógena, lo remitimos a la consulta de nutrición, donde se le explica la dieta que tiene que hacer, la cual se calcula de acuerdo con la edad del paciente y las calorías que necesita para su crecimiento normal. A partir de ahí, se va modificando según el indicador que tenga alterado.

“Después, se remite a una consulta fundamental, que es la de psicología, para brindarles apoyo al niño y a los padres desde esa disciplina.

“Los enviamos también a una consulta de rehabilitación que atiende un profesor de cultura física. Allí él les indica los diferentes ejercicios que deben hacer según los años de vida”.

—Además de las causas más comunes de la obesidad infantil, también existen agravantes de este problema de salud en los niños.

—Este problema de salud hay que analizarlo desde la etapa del embarazo, pues durante esa etapa, la diabetes gestacional puede producir un aumento de peso en el niño, quien puede nacer como un macrofeto (con un peso superior a los 4 000 gramos), con consecuentes riesgos de obesidad en el futuro.

“Otro factor importante es la mala elección de algunos alimentos poco saludables para los lactantes y los niños, como los que contienen gran cantidad de calorías, es decir, dietas hipercalóricas con altos contenidos de grasa, sal o azúcar.

“La limitada disponibilidad y accesibilidad a determinados alimentos también puede contribuir a agravar el problema, las frutas y los vegetales son importantes para prevenir la obesidad, y sabemos que a veces no son accesibles.

“La falta de sueño debe citarse también como una de las agravantes, pues provoca alteraciones en dos hormonas fundamentales que se liberan durante ese tiempo y a la vez están relacionadas con la estimulación de las sensaciones de apetito”.  

—Por último, ¿pudiera comentarnos de las consecuencias que a más largo plazo produce la obesidad infantil?

—Los niños obesos tienen más probabilidad de desarrollar problemas de salud en la edad adulta. Algunos de ellos pudieran ser la cardiopatía, la insulinorresistencia, los trastornos osteoarticulares como la artrosis, algunos tipos de cáncer (de endometrio, de mama, de cólum), la hipertensión arterial, las afecciones respiratorias y los efectos psicológicos como la baja autoestima y síndromes depresivos en los adolescentes, sobre todo en el varón cuando aparece la adipomastia.

Cada lunes, el médico especialista de primer grado Ubilquis Ramos Agüero atiende en su consulta del Hospital Pediátrico entre siete y diez niños sobrepeso y obesos, como promedio. Antes de terminar nuestro diálogo, el galeno insiste en la inexistencia de medicamentos para combatir la obesidad, porque este padecimiento es absolutamente prevenible, incluso desde la concepción del embarazo y continuando por la lactancia materna exclusiva —que la Organización Mundial de la Salud recomienda hasta los seis meses de vida.

“Después de ese tiempo, los alimentos, que deben ser lo más saludables posibles, deben irse introduciendo de forma escalonada hasta los dos años del bebé. Esa es una práctica muy importante, pero sabemos que no se ha generalizado aún. Luego, hay que tratar de que el niño coma frutas y vegetales y eliminar todos los alimentos chatarra. Otro elemento sustancial es la actividad física diaria”, concluyó.

Imagen: Tomada de feclap.com.Imagen: Tomada de feclap.com.