CAMAGÜEY.-Hace unos días presencié en la Televisión Cubana un documental en el que se relataba la participación del batallón 339 de las Milicias Nacionales Revolucionarias en los combates de Playa Girón, escenario, precisamente en el mes de abril, pero de 1961, de la agresión mercenaria organizada, financiada y apoyada militarmente por el Gobierno de los Estados Unidos contra Cuba.

Confieso que los testimonios de los integrantes de aquel batallón me impresionaron profundamente, no solo por la sencillez y la modestia con que relataron su participación en los hechos, sino también por la extraordinaria prueba de heroísmo y la capacidad de resistencia que demostraron para darle el ¡Patria o muerte! retador a los primeros invasores y después, ante el empuje de los tanques desembarcados y el cerco de los paracaidistas, combatir y lograr detener su avance a costa de más  de doce muertos y numerosos heridos, hasta que llegaron los refuerzos.

Así se escribió la historia de la primera derrota militar de los Estados Unidos en América Latina, con valentía y arrojo, con la genialidad de un guía estratégico como Fidel Castro, y cuya epopeya ha marcado todo el andar de los cubanos y otros pueblos en estos 60 años, y que expresa con contundencia que al imperialismo no se enfrenta con concesiones o vacilaciones, sino que solo es posible vencerlo mediante el combate diario frente a todas sus agresiones y presiones, y estar dispuestos a todos los sacrificios, en las condiciones más adversas, para salir victoriosos.

Para los que piensan que los avances circunstanciales de la derecha y el imperialismo norteamericano en Latinoamérica y el Caribe son irreversibles, olvidan o ignoran voluntariamente la historia que a lo largo de más de 500 años han escrito nuestros pueblos en el continente, y los hombres excepcionales que los lideraron, desde los nativos que lucharon contra los conquistadores hasta nuestros días, pasando por todos los sistemas económicos y políticos que han marcado la propia existencia de la humanidad.

Si los cubanos hemos resistido el bloqueo más prolongado y genocida que recoja la memoria, la aplicación de leyes extraterritoriales y los intentos de aislarnos y de vencernos por hambre y enfermedades por parte de los sucesivos gobiernos estadounidenses, estamos convencidos de que otros pueblos frente a agresiones similares y con la misma saña y ferocidad del enemigo, también lograrán salir airosos.

Si alguien duda de que la historia, aunque espiral, se repetirá, lo remitimos a Venezuela, objeto actualmente de la más brutal embestida en todos los frentes del paranoicoDonald Trump, a quien urge derrocar al legítimo presidente Nicolás Maduro para hacerse de la riqueza del país.

Si algo encoleriza al inquilino de la Casa Blanca es la capacidad de resistencia del pueblo bolivariano y la decidida acción de sus dirigentes para paliar las penurias que como consecuencia de los sabotajes contra el sistema eléctrico deja a la nación sin energía eléctrica, y la priva  de agua para los usos más elementales, interrumpe la producción de alimentos, el transporte y la actividad laboral, docente y los servicios de Salud, necesidades que el Gobierno chavista enfrenta con decisión y valentía junto a la población.

Desesperado ante la pérdida de su hegemonía en la región, con su traspatio haciendo aguas por la presencia de fuertes competidores con mejores propuestas que las de sus rapaces transnacionales, como China, Rusia, Turquía, la India y otros, el imperialismo lanza criminales zarpazos ante la visible decadencia que lo invade, en vano intento por detenerla, y cuando más retrasarla, pero que al final los pueblos le pasarán la cuenta.