Muchos llegaron hasta allí todavía con las manchas de pintura de la última obra terminada o el cansancio del sueño escaso que en los últimos meses los acompañó, pues en Minas el 2015 ha tenido hasta ahora mucho más que los 206 días que registra el almanaque.

De otra forma no se hubieran podido emprender más de mil acciones constructivas en 300 obras que desde hace mucho eran inquietudes de la población. Las manos que ayer asieron banderas fueron las mismas que antes reconstruyeron capitalmente las policlínicas de Senado y la cabecera municipal, y dieron nueva vida a 14 de los 18 consultorios del médico y la enfermera de la familia con que cuenta el territorio, a sus farmacias y a la óptica; atendieron las necesidades de las dos casas de abuelos y el hogar de ancianos de Lugareño, y mantienen en su agenda buenas nuevas aún por concluir.

La Minas de este 26 es distinta a la de calendarios precedentes, con su año y medio de mortalidad infantil en cero, cual promisorio anuncio del futuro que espera a sus generaciones más nuevas. Las mismas que en septiembre se reencontrarán con una docena de escuelas reparadas, entre ellas la primaria Juan Vitalio Acuña, la mayor de la demarcación, y el Museo General Municipal, que luego de quince años concluyó su obra civil y muy pronto acogerá la memoria de la demarcación para que los que vengan sepan mañana de epopeyas como estas.

Cuando se apaguen los fuegos de la celebración a los nacidos por esas tierras les quedará mucho por hacer todavía y la satisfacción de disfrutar un mejor municipio construido con el concurso de sus propios esfuerzos, que convirtieron más de ocho millones de pesos en mejoras tangibles, en victorias cotidianas que harán mejor la existencia de la gente.  

 

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