Como cada 26 los cubanos revolucionarios hacemos el recuento de la magnitud de la obra que construimos, y sobre todo, con qué y con quienes contamos para avanzar.

Sin dudas, somos una nación en la que el carácter de sus hijos se ha templado en la fragua de las adversidades; un vistazo atrás, a modo de recuento, desde el pasado remoto hasta el más reciente, pone ante nosotros la realidad de un presente que a veces se torna increíble, prácticamente imposible, y sin embargo, estamos aquí, erguidos en una firmeza inexpugnable.

El Programa del Moncada, sintetizado en la solución de los problemas más acuciantes de la Cuba neocolonial, dígase la tierra, el desempleo, la vivienda, la insalubridad, el analfabetismo, la industrialización, fueron resueltos en lo fundamental, durante los dos primeros años de la Revolución en el poder, período durante el que se puso fin al dominio yanqui y al sistema de explotación capitalista que lo sustentaba.

La gesta del 26 de Julio ha sido, en su conmemoración, motor impulsor de disímiles batallas productivas, sociales e ideológicas; la meta hacia un futuro para librar nuevos combates.

Este 26 nuevamente dejará un saldo a favor de la unidad monolítica del pueblo en torno a la Revolución, ahora con la reanudación de las relaciones diplomáticas con los Estados Unidos, que no cambiará en lo absoluto que continuemos apoyándonos en manos solidarias y extendiendo la nuestra.

Será este 26 una mirada a las veces que nos hemos levantado como solo nosotros sabemos levantarnos; en el que aún insatisfechos, exhibimos el logro de haber crecido económicamente, de haber crecido en lo político e ideológico; en el que no olvidamos la sangre derramada.

Será este nuevo 26 el día en que una vez más Cuba premie nuestro heroísmo de soldados; un 26 en el que enarbolamos nuestra firme resolución fidelista de que “Contra la Revolución, ¡nada!”.

{flike} {plusone} {ttweet}