CAMAGÜEY.- Aquel 1ro de septiembre de 1976 Eliecer no sospechaba de Pipo. Solo atinaba a disfrutar de Fidel, que estaba a unos 10 metros de él. Aquella escuela era la más bella de su tipo en el país, le escuchó decir al Comandante, y él, Eliecer, había sido elegido para impartir clases allí.

De experiencia docente solo tenía dos años en la secundaria básica Mario Herrero Toscano en Las Cuabas, y ahora ¡inauguraba 'la Vocacional'! La alegría, el honor, el agradecimiento, el compromiso... Una horda de sentimientos atacaban su lucidez, y ni siquiera vislumbró cómo Pipo crecía, desde entonces, y lo borraba poco a poco.

Hoy nadie conoce a Eliecer, pero si usted dice Pipo, ¿quién no identifica enseguida al profesor de Física con voz de claxon del Instituto Preuniversitario Vocacional de Ciencias Exactas (IPVCE)? Esta no es la historia de cómo Eliecer se convirtió en Pipo, sino de cómo Pipo absorbió a Eliecer, y lo borró para incluirlo en la posteridad.

“'La Vocacional' ha sido para mí (piensa con la mano en la boca, engurruña los ojos, busca...) mi casa. Entré con 22 años y permanezco. Nunca me ha dado por irme. Y eso que tuve oportunidades incluso fuera del ámbito docente, como locutor. A inicios de los años '80 vinieron varias veces por aquí Nino Moncada y René del Risco, de Radio Cadena Agramonte, para que me fuera a trabajar a la emisora, por las condiciones de mi voz, que es muy fuerte. Pero no puedo dejar mi profesión, me encanta ayudar a los demás con los conocimientos.

“Me gusta la calidad de los muchachos, además del nivel científico-técnico que ha caracterizado al centro. Yo me preocupo por la instrucción, pero considero que, por mi forma de relacionarme con mis compañeros y con los mismos alumnos, les ayudo a fomentar valores que le sirven para la vida”.

La forma, Pipo, la forma. Eso es lo que te marca. Por eso Pipo perpetuó a Eliecer. Pasó más de una década para que del profe' bisoño surgiera Pipo. “Me empezaron a decir así, sobre todo, desde los años '90, cuando asumí el cargo de subdirector de formación laboral, o de campo, como se le dijo algún tiempo. El caso es que a los varones les digo, pipo, y así los convenzo de desyerbar, recoger escombros, chapear, etc. Al final me siguen”, se le escapa una risa breve y de improviso le dice a un alumno, que pasa por nuestro lado: “A ver, Pipo, dile ahí al periodista cómo soy yo con ustedes. Dile lo bueno que yo soy con ustedes, dale. Usted es mi amigo”, le dice y entonces sí sonríe de lo lindo.

“Yo soy así, me llevo bien con todos”, sentencia e irrumpe en satisfacciones: “Tengo alumnos y colegas que son prácticamente hermanos míos: Polo, Calixto, Maritza, Xiomara Guerrero, Daicar y tantos. ¿Profes? Boysoli, Jiménez, Elvira, Machín, Víctor, Beleño... Aquí trabaja mi hermano carnal Eloi, que también da Física y ha sido mi jefe en varias ocasiones, eso nos ha llevado a unirnos más.

“Para la 'Vocacional' traje a mi esposa, Onelia. La conocí en 1975, nos casamos dos años más tarde y en 1978 vino de Esmeralda para acá, porque me entregaron un apartamento por el IPVCE. Su ejemplo de consagración al trabajo ha sido para mí una inspiración para seguir desarrollando mi profesión. Es, desde hace años, subdirectora docente, y conoce bien, bien esa actividad. A veces discrepamos por el horario, pero al final ella me gana”, bromea y confiesa algunos celos de su cónyuge “por mi forma de ser”.

“No hay cosa que me alegre más que cuando voy por las calles o a un hospital y me dicen: Pipo. Y me preguntan cómo me siento, por mi familia, por la escuela, y rememoran sus tiempos de estudiantes. Me considero un privilegiado por tener tantos buenos amigos y amigas, que primero fueron alumnos.

En el acto por el aniversario 40 de la "Vocacional" Pipo, y otros fundadores reciben reconocimientos a manos de Rolando Forneiro Rodríguez, viceministro de Educación.En el acto por el aniversario 40 de la "Vocacional" Pipo, y otros fundadores reciben reconocimientos a manos de Rolando Forneiro Rodríguez, viceministro de Educación.

“No todo ha sido alegría. He tenido momentos difíciles con alumnos enfermos o fallecidos, o con dificultades docentes. En ese último sentido hemos perdido fuerza. Antes en el Pedagógico recibíamos postgrado propios de la asignatura, y el personal docente que dirigía el IPVCE también nos daban superación metodológica. También existían los cursos complementarios para los alumnos. Y no es cosa de ahora, hace años se cometió el error de eliminar Astronomía del programa, hoy pocos muchachos saben ubicarse en el espacio”.

Pipo le ha dejado intacto a Eliecer ciertas costumbres: Apenas abre la puerta de la casa, se cambia de ropa y ¡a preparar café! Luego ayuda en la casa, lee periódico y ve Telesur. No obstante, Pipo ha trastocado el mundo de Eliecer. Él, (padre de una sola hija, Yulién, quien a su vez le dio hace siete meses su, hasta ahora, única nieta, Annalieth) sabe, gracias al profe que lo ha borrado, que no hay forma de quedarse en los otros si no borrándose el yo. Por eso se desvela por su descendencia. Por eso no solo jaranea respetuoso en el IPVCE, sino en el barrio, donde todos lo reconocen por su tesón y cariño. Por eso él no deja de colar el afecto en su garganta de trueno para decir el famoso “Pipo”, indeleble ya en la historia de esta escuela también imborrable.