Papa Francisco: "No para los pobres sino con los pobres" (VIDEO)

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En la Ciudad Héroe tiene prevista una misa en el santuario de El cobre y un encuentro de familia en la Catedral.

Aunque esta vez no está prevista la visita de su Santidad a Camagüey, como ocurrió en 1998 con Juan Pablo II, en esta ciudad se palpa hoy entre los feligreses un ambiente de alegría.

En los grandes portones de las iglesias, como en la de La Merced, en el corazón mismo del centro histórico, y en fachadas de viviendas, diseminadas por la ciudad, aparece una foto a color con la imagen del Santo Padre y la inscripción: El misionero de la misericordia.

A muchos creyentes católicos –y no católicos- le viene a la mente ahora aquel estribillo juvenil que resonó en la Plaza Mayor General Ignacio Agramonte aquel viernes 23 de enero: “El Papa se queda en Camagüey” como un recuerdo imborrable.

Quienes han seguido de cerca las informaciones de la reciente visita del Papa por la región, no pueden menos que admirarse del realismo que lo envuelve de los hechos que marcan a la humanidad: la pobreza, el desempleo, la necesidad de cuidar el medio ambiente y la tragedia de los migrantes de otras latitudes en su camino hacia Europa que él calificó como un crimen que ofende a la humanidad.

El 25 de mayo de 1985 en la entrevista que le hiciera Frei Betto al Comandante en Jefe para el libro: Fidel y la religión, se abordó la visita de Juan Pablo II por América Latina y dijo:

“... ha de haber aprendido las diferencias que existen entre la abundancia de bienes materiales y el derroche que puede observarse en la sociedad de consumo de la Europa rica y desarrollada , visible en sus espléndidas ciudades como Roma, París, Londres, Amstendam, Madrid y la espantosa pobreza, la masividad de miseria que encontró por la ciudad y campos latinoamericanos”.

Cuba puede sentir beneplácito que en 1998 estuviera Juan Pablo II, en el 2012 Benedicto XVI y ahora Francisco.

Muchas personas se han preguntado el término misericordia. Es para el cristianismo un atributo divino entendido como sinónimo de consideración, amabilidad y perdón, que los fieles piden a Dios para que este tenga piedad por sus pecados y sus desobediencias.

Se trata de un tema profundamente ligado a los preceptos cristianos, presentes tanto en numerosos pasajes bíblicos, en canciones litúrgicas como en nombre de monumentos y de catedrales.

Vivamos en un mundo de paz y armonía en el que el hombre sea amigo del hombre.

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