ESMERALDA, CAMAGÜEY.- Desde una posición privilegiada, sobre una discreta colina y frente a una gran laguna ubicada en medio del poblado, la escuela primaria Antonio Suárez ha visto transcurrir las últimas décadas de la historia de Palma City.

Hoy las elecciones de los delegados a las asambleas municipales del Poder Popular la volvieron a convertir en centro del cotidiano acontecer en esa lejana población de esta provincia.

Allí, en uno de los puntos donde el huracán Irma causó mayores destrozos a su paso por Cuba, menudean los nuevos techos metálicos, instalados para sustituir los que a comienzos de septiembre se llevó el meteoro. Desde lejos, sus reflejos del sol mañanero permiten anticipar el poblado varios kilómetros antes de llegar a él.

En Palma City no fueron solo las casas las que quedaron sin cubiertas; también la Antonio Suárez sufrió grandes daños en varias de sus aulas, en su cocina y comedor. Al día siguiente de la tormenta, los niños del lugar amanecieron con el dolor compartido: muchos, por la pérdida de sus casas; todos, por los daños tremendos ocurridos en la escuela.

Dos meses y medio después, la Antonio Suárez acoge uno de los colegios electorales de la circunscripción.

Hasta allí van llegando los electores de la comunidad y los que viven en los campos cercanos. La afluencia aumenta cada vez que la llovizna pierde fuerza y el sol intenta salir. Mientras, en la antigua (futura) cocina de la escuela un hombre llegado desde otro municipio, trabaja.

Israel sabe que su esfuerzo de las últimas semanas tiene el mejor de los destinatarios posibles: los niños de Palma City, quienes el 2 de diciembre se encontrarán con una escuela prácticamente nueva.Israel sabe que su esfuerzo de las últimas semanas tiene el mejor de los destinatarios posibles: los niños de Palma City, quienes el 2 de diciembre se encontrarán con una escuela prácticamente nueva.

Se llama Israel Barrios Coello, es albañil y vive en el batey de Senado, en el municipio de Minas, a más de cincuenta kilómetros de distancia. Desde hace días no ve a su familia; hoy por fin podrá hacerlo, cuando vaya a votar a su zona de residencia, luego de que lo releven sus compañeros de trabajo en la reconstrucción de la escuela primaria de Palma City.

“Llegamos hace varias semanas, y en este tiempo ya hemos puesto casi todos los techos y buena parte de las ventanas y las puertas, resanado paredes. Ha sido un trabajo de sol a sol, con mucho esfuerzo, pues el compromiso es tener listo el centro para el próximo 2 de diciembre, pero sin descuidar la calidad. ¿Usted se imagina que triste hubiera sido que los vecinos llegaran a votar y vieran una escuela fea? Queremos entregar hasta la última aula mucho más bonita que antes del ciclón”.

Calidad es también la palabra preferida para Frank Turró Nogueira, un guantanamero que hace más de dos meses se convirtió en hijo adoptivo de Palma City. Al frente de Israel y sus compañeros ha tenido a cargo las labores de rescate de la edificación y sus áreas anexas.

“Hoy todo el mundo nos ha felicitado por como va la obra, incluso los niños que vinieron a cuidar las urnas. Camine el pueblo para que vea que no estamos hablando nada más de lo que hacemos aquí. En todas partes se ven nuevas construcciones para sustituir las que perdieron”.

A cada paso, Palma City se levanta de los golpes que Irma se empeñó en asestarle. Ese es el derecho por el cual este domingo votan su habitantes.