Camagüey.- Sus manos acostumbradas a la oficina se aferran al arado con una voluntad más firme que el hierro que ahora le abre venas al suelo. Decidió coger la tierra “pa' salir alante”. Sus dos hijos son pequeños y el salario de $ 400 y pico de él y el de su esposa, un poquito más alto, porque es maestra, “era una sábana muy corta para taparse todo el mes”.