¿Qué tú amas? -siguen los grandes, curioseando, y el pequeño confiesa que ama cosas: "Una pistola y un robot. Me gusta todo: los pajaritos y los globos. Me gusta ver a Bob Esponja". ¿Y los maestros? "Un poquito..."

A Luis Daniel parece agotársele su tiempo; se interesa por cómo funciona la grabadora, deja la charla a medias y se va, sin reparar en protocolos, a juntarse o separarse a su antojo en un grupo de niños especiales que esa tarde nubosa convocaban a los mayores a amar, amar y ya, como absoluta prioridad del mundo.

Con Alexis fue silente el encuentro, y más rápido, demasiado quizás. Minutos antes lo habían montado en su caballo, después estuvo un largo rato a solas frente a un juguete, antes de ponerse a correr. En un momento de su carrera el niño de apenas siete años dio conmigo: ¿aquello fue un abrazo o un simple tropezón? Después siguió su andar un poco accidentado bajo los cuidadores ojos de abuela y de mamá.

Se llama Ángela Quesada Illa y es la mamá de Luis Daniel. Desde sus dos años y medio el pequeño fue diagnosticado. "¿Quién sabe -me pregunta- si el mundo correcto sea ese en que él vive y que yo solamente puedo imaginar? Luis Daniel recuperó el lenguaje y me dice cosas. Me abraza y me da un beso; a veces no, pero él es todo para mí", revela con ojos cristalinos.

¿Por qué lo siente único?

—Fue un niño deseado. Nunca imaginamos el diagnóstico, pero desde entonces me hizo cambiar, para más locura y más amor, me hizo más humana y más sociable; soy mejor persona gracias a él. ¿Cuándo él crezca? Siempre aparecen personas incondicionales; yo quiero que mi hijo sea querido y, para eso, cariño le sobra.

Annia Rodríguez Molina es doctora que sufre con amor de madre. Desde hace tres años sabe con precisión científica qué le pasa a su Alexis. "Su trastorno se manifiesta con bajo coeficiente intelectual. Es muy inquieto; ahora ha comenzado a decir algunas palabras, pues después del año y tanto sufrió una regresión en su lenguaje", revela sin quitar la vista a su pequeño.

Alta, firme, la doctora no puede ocultar su cara dolorosa. "No es fácil ver a un niño así, con un futuro incierto porque depende tanto del estímulo exterior. Es un reto para la familia entera; yo tengo que dar gracias por la que tengo: mi esposo, mi madre, mi hija grande de 18 años".

niño-autismoniño-autismo¿Cómo Alexis le dice que la ama?

—Saber que me quiere a veces es difícil -contesta la mamá con ojos medio hermanos de los ojos de Ángela- pero sigo buscando y buscando, nadando para ver. Cuando menos lo espero viene y me da un beso, o le paso la mano y se va el llanto, o me siento con él y consigo que coma. Yo me respondo así, multiplicando el amor por cuatro y por cinco.

La logopeda Mirna Méndez González Pardo trabaja en el centro de equinoterapia Jardín de sueños. La joven especialista explica que allí funciona, desde hace tres años, una consulta infantil de autismo, atendida por un grupo multidisciplinario. Los terceros miércoles de cada mes son atendidos casos remitidos por las áreas de salud y los centros de diagnóstico y orientación o traídos por familias que a su modo dudan o sospechan.

Los estudios, las pautas, las técnicas y pruebas son amorosos y gratuitos, como el diagnóstico final y el seguimiento.

¿Cuáles son los alertas de autismo en un pequeño?

—Los bombillitos rojos son, entre otros, que el niño no hable y no se comunique entre los dos y tres años, que no mire a los ojos, que se aferre a un juguete, se aísle y tenga fobias específicas, conductas repetitivas y movimientos incontrolados.

En Jardín de sueños médicos, especialistas, técnicos y hasta vaqueros de ciudad atienden a cada niño diferenciadamente. "El caballo es un mediador importante -agrega Mirna- en nuestro trabajo de socialización, lenguaje y afectividad de los pequeños. Tenemos casos que guían, peinan y hasta alimentan a su caballo. Pronto vamos a incorporar al tratamiento una piscina".

¿Qué tiene la salud cubana para encarar un trastorno tan impreciso y complejo como el autismo?

—Cuba tiene una gran organización desde el nivel primario, pero cuenta principalmente con sus profesionales, que aman a los niños por sobre todas las cosas.

Los niños de esa tarde, incluso si no hablaban, le daban la razón a la logopeda. Este 2 de abril es el Día mundial de la concienciación sobre el autismo. Edificios célebres del mundo se tiñen de azul remedando el color que se asocia a este trastorno —de la paz del lago al cielo borrascoso—, sin embargo todavía queda mucha gente incolora ante el asunto.

Yo quiero pensar que en mi modesto Camagüey, sin Taj Majal, sin torre Eiffel, sin inclinada Pisa ni casa de la ópera de Sidney que "pintar", todos nos pusimos el pecho un poco celeste mientras Ángela cuidaba la felicidad con la pistola idolatrada de Luis Daniel y la doctora Annia seguía nadando y nadando, buscando en otro mundo señales del amor de su muchacho.

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