VERTIENTES, CAMAGÜEY.- Tremendo palo de agua cayó en Camagüey-ciudad y también en Vertientes la noche antes. A la entrada de Las 500 el fango desprendido de los tractores, carretas y todo tipo de vehículos advertía la magnitud de milímetros precipitados suelo adentro, hasta entonces bajo sequía “chubascada”.

El yipi guiado por Edilberto Quesada Pedroso, primer secretario del Partido Comunista de Cuba (PCC) en el municipio de Vertientes, partió entre cañaverales mojados, y evadió los inconvenientes del terraplén. La primera parada a la vera de la guardarraya coincidió con jóvenes mochileros de la UBPC La Unión que, al no poder sembrar, retapar ni guataquear, aprovechan la humedad para regar herbicida.

Sergio del Toro GómezSergio del Toro GómezSolo tres meses de entrenamiento en la dura faena posee Sergio del Toro Gómez, de 23 años, quien reside en San José de los Jíbaros, cerca del lugar. Otro de los 12 jóvenes de la brigada, Alexei Antúnez Figueroa, vive en Las 500, y le lleva un año de edad y siete de experiencia agraria a Sergio.

Entre todos sacan una caballería diaria de desyerbe químico y cada uno promedia una y más hectárea por jornada. Son muchachos que ganan buenos salarios con la vinculación de los esfuerzos personales al área.

 Alexei Antúnez Figueroa Alexei Antúnez FigueroaProvoco a Sergio para destacar que los jóvenes son estos sudorosos y no los que deambulan e “inventan” por las calles y comunidades sin trabajar ni estudiar, y se limita a decir que “no puedo perder tiempo, estamos vinculados al área y en eso me va el salario”, y escapa raudo hacia los retoños de caña. Alexei me desafía: “Y si tenemos que cortar caña, como lo hacemos en la recogida final de zafra, cortamos y trabajamos en lo que sea, no hay miedo”.

Junto al equipo de Adelante Digital viaja Alberto Donis Rodríguez, responsable de los productores cañeros del “Panamá”, otrora administrador de la UBPC La Unión, tarea que añora por su apego campesino, hacia donde quiere llevarnos, y a la “San Pablo”, para que se publique que el sambenito de la zafra se lo quitarán la venidera cosecha con más caña por hectárea para garantizar los hasta hoy veleidosos estimados a entregar y moler en los ingenios camagüeyanos.

EN LA UNIÓN, ADEMÁS DE LA FUERZA, LA CAÑA

Cuando Donis pasó a AzCuba, Alberto Pérez Marrero dejó en el estribo del tractor 15 años de operador y tomó el mando: “En esta zafra hemos cosechado casi 50 000 toneladas de caña para los centrales Panamá, Batalla de Las Guásimas, Siboney, Argentina, Céspedes y la provincia de Ciego de Ávila mediante el tiro directo al basculador. Como ves, seguimos sembrando para superar las 45 toneladas por hectárea y no tenemos áreas vacías”, afirmó.

SAN PABLO, DONDE LA JUVENTUD ES MAYORÍA

La juventud es magia contagiosa, y si de “La Unión” salimos briosos sobre los surcos fangosos, las brigadas de sembradores jóvenes convidaron a enfangarnos más en San Pablo para conocer cómo logran seis hectáreas diarias, y que la número uno de Osmany La Rosa Ochoa es la más productiva.

Un vapor de sudor y humedad despiden los cuerpos por el incesante bregar detrás de la carreta con los mazos de caña en ristre, y entre ellos Juan Miguel Virella, el jefe de producción, con la espina pendiente de llenar con tallos 38 hectáreas aún vacías en la cooperativa.

Muy cerca, Jorge Luis Hernández Manzano, el administrador e hijo de Miguel, fundador de Las 500, aclara que aunque dedican    1 141 hectáreas a la gramínea, emplean 85 para los cultivos varios y acopian más de 50 000 litros de leche para la industria láctea y el consumo de agropecuarios y sus familias.

Y en ambas bases productivas de La Unión y San Pablo, pese a la inconformidad con el ritmo de siembra, se rompe el mito justificativo de que el clima de Vertientes, de Camagüey, de Cuba es adverso para el cultivo de la caña de azúcar: si hay sequía y los cañaverales disponen de sistemas de riego mejor, de lo contrario se aprovechan tiempo y recursos para alistar los suelos y sembrar en el momento preciso, y si llueve en demasía, se riega herbicida o se resiembra de mota, siempre algún laboreo puede hacerse. También destacan los socios de la CPA Eduardo Chibás, que cumplieron los plantíos de primavera y los resultados de los campesinos de la “Abel Santamaría”, la “Noel Fernández” y la “Cándido González”, en ascenso productivo cañero.

Sin embargo, y ante el revés industrial de la recién concluida zafra azucarera, los vertientinos están emplazados a plantar no menos de 7 000 hectáreas anuales con calidad vegetativa, empeño de AzCuba que precisa estabilizar un ritmo mayor de simiente enterrada, según la apreciación de la máxima autoridad política en ese municipio, Edilberto Quesada Pedroso.

“Se dispone de todos los recursos para elevar el ritmo de siembra en las bases productivas: hombres organizados en brigadas, sistemas de pago ventajosos, semilla y medios tecnológicos como nunca antes. ¿Qué falta? Que los jefes se pongan al frente de la tarea y desde el surco y no desde las oficinas se controle la preparación de tierra y los planes de siembra”.

Y no hay más excusas, basta una sola mirada a las cooperativas estatales La Unión y San Pablo que, en condiciones climáticas “adversas”, demuestran que la zafra sigue aunque los ingenios apaguen las chimeneas. Eso sí, si la tropa agrícola ataca la sequía y vence el fango con los jefes en la cabeza del campo, con cifras retoñadas en los surcos y no en papeles engavetados.