La historia de Emilio Carmona Verdugo es triste y a la vez reconfortante. Triste porque jamás sintió síntoma alguno que lo hiciera pensar en una enfermedad tan grave. Reconfortante, porque es otro, a siete años de confirmársele el padecimiento y de recibir un tratamiento especializado de ensayo clínico en el Instituto de Hematología e Inmunología, centro de referencia nacional para las enfermedades hemáticas, con sede en la capital cubana.

La leucemia es una enfermedad de los órganos productores de la sangre que se caracteriza por la proliferación de leucocitos o glóbulos blancos en la sangre y en la médula ósea. Según fuentes médicas consultadas, la mayoría de las personas con LMC tienen una mutación genética que se llama cromosoma Filadelfia.

Es un hombre abierto a hablar con naturalidad, a contar tal y como fueron las cosas; rechazó decir que cuando empezó a bajar de peso sentía que la vida se le iba, todo lo contrario, sí mucho decaimiento, cansancio, pérdida de apetito y de peso corporal.

Añadió a la sintomatología que lo preocupó la presencia de fiebre en horarios de la tarde-noche, hematomas, diseminado por todo el cuerpo, sin causa aparente, ruidos en el oído izquierdo, falta de equilibrio, náuseas y vómitos.

La esposa ante estas últimas irregulares señales, presintió de que algo no marchaba bien, pensó en la valoración de un especialista en otorrinolaringología, momento en que se desencadenaron estudios de hematología completa o hemograma con diferencial que alarmaron a médicos y amigos.

Las investigaciones pasaron a un plano superior, con indicaciones del Doctor José Larquin Comet, hematólogo del hospital provincial Manuel Ascunce Doménech, de realizar pruebas concretas.

La confirmación del diagnóstico de LMC no es posible por la lámina periférica, lo observado en ella hace suponer el diagnóstico conjuntamente con la sintomatología de la persona.

Lo presuntivo es confirmado a través de un estudio citogenético. Según explicó la Doctora Norma Fernández, subdirectora de asistencia médica del centro de salud habanero, señaló que en esa prueba es donde se observa la translocación de los genes 9 y 22, conocido como cromosoma Filadelfia, y por el estudio molecular (gen bcr/abl) que da lugar a la translocación.

Para ambas pesquisas el doctor Larquin remitió al instituto una muestra obtenida del medulograma, donde se confirmó la enfermedad.

Cada tableta cuesta !60 dólares! Qué pobre puede asumir un tratamiento en otro país. Foto: Orlando Durán HernándezCada tableta cuesta !60 dólares! Qué pobre puede asumir un tratamiento en otro país. Foto: Orlando Durán HernándezPara el tratamiento había tres opciones: trasplante de médula, descartado por la edad (48 años), utilizar interferon o incorporarse al ensayo clínico con Glivec de 400 milígramos, medicamento propio para su patología, caracterizada por cromosomas del tipo Filadelfia que no se transmite de padre a hijos.

Hay referencias de que el tabaquismo es el único factor de riesgo demostrado para la leucemia mieloide. Muchas personas saben que el hábito de fumar está vinculado a cánceres de pulmón, la boca, la garganta y la laringe, pero pocos se dan cuenta que también puede afectar la células que no tienen contacto directo con el humo. Es una realidad que las sustancias cancerígenas presentes en el humo del tabaco son absorbidas por los pulmones y propagadas a través del torrente sanguíneo a muchas partes del cuerpo.

La frecuencia de la LMC es escasa, un caso por cada 100 mil habitantes anualmente, aunque dentro de la hematología maligna es uno de los cuatro tipos de mayor aparición de leucemia, más frecuentes en hombres.

El contacto telefónico y luego por vía electrónica con la especialista Norma Fernández permitió tener una visión sobre nueva investigación, iniciada en el 2002 por la Doctora Valia Pavón Morán y con la finalidad de evaluar la eficacia y seguridad del fármaco con la colaboración de la firma suiza Novartis.

“En aquel momento –señaló Norma—se incluyeron solo niños. Posterior a ello y debido a sus resultados positivos, se amplió el número de casos en el proyecto y comenzaron a incluirse adultos”.

La mayor cantidad de este medicamento que hoy se emplea, con un valor de 60 dólares cada tableta, es adquirido por el Ministerio de Salud Pública y facilitado gratuitamente a los pacientes, aunque Novartis continúa colaborando con la entrega de algunas partidas.

Glivec es consumida en Cuba por 315 pacientes, de ellos 22 niños, portadores de la misma enfermedad que padece Emilio Carmona, quien durante dos años viajó a La Habana cada tres meses, oportunidad en la que se le practicaba una hematología completa, medulograma, cada seis meses y una biopsia de médula anualmente.

En el servicio de hematología del hospital clínico quirúrgico Amalia Simoni, de Camagüey, recibe periódicamente el medicamento y la correspondiente asesoría médica del hematólogo Daniel Ramos Díaz.

Fuentes consultadas indican que en Estados Unidos en el 2013 el tratamiento por un año costaba 90 000 dólares, mientras en España 30 000 euros, equivalente la mitad de la cifra anterior.

Ese gesto de la Revolución solo es posible en Cuba. El paciente camagüeyano destacó el desempeño del Doctor Larquin, calificado por él de fundamental, tanto para el diagnóstico como en el seguimiento con chequeos semanales durante seis meses y luego una vez al mes.

El testimoniante dijo que siempre ha tenido presente, de que mientras hay vida, existe esperanza. “Es nuestra base y en mi caso particular como profesional de salud me he regido en cada paso por ese principio”.

Como lo afirmó Emilio en el tratamiento de cualquier enfermedad es fundamental la disciplina, más cuando se trata de afecciones de este tipo, sin descuidar la realización de consultas con el especialista ante nuevos signos o síntomas.

Super agradecido está que el Estado cubano garantice, de forma gratuita, el medicamento que le reporta un desembolso a las finanzas del país, de 129 600 dólares en los seis años que lleva ese tipo de tratamiento. No cuenta las restantes atenciones aquí en Camagüey o en el instituto.

En 1987 se graduó como estomatólogo, trabajó en el hospital de becarios de la vocacional Máximo Gómez, donde llegó a ser director de esa unidad de salud. Posteriormente integró el ejército de batas blancas en el Estado de Lara en la ciudad de Carora en la República Bolivariana de Venezuela.

Quien vio a Emilito al inicio de la enfermedad en que bajó a 55 kilogramos y lo observa ahora, con 80, y sus 55 años, a cuesta, peritado, dice que no puede ser. ¿Saben por qué el cambio? En su corazón alberga sueños de esperanza junto a sus hijos (Emilín, Susel y Danny) y de Ileana, la esposa que no se despegó de él un minuto en los momentos más difíciles.

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